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sábado, 12 de mayo de 2018

FRANCMASONERÍA, ROSACRUZ Y LA ORDEN DEL TEMPLE

La tradición espiritual de Occidente quedó configurada a finales del siglo XVIII en tres grandes ideales que intentó recoger la Masonería, fundamentalmente, en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.   Los tres ideales son eminentemente cristianos, o al menos se apoyan en el cristianismo, si bien, más calvinista y anglicano, que católico, pese al indiscutible origen católico del gremio de los masones. 

LA FRANCMASONERÍA: Los francmasones eran personas libres dada su pertenencia al gremio de los geómetras masones, que tenía derecho de libre circulación y sus propias formas de contacto y reconocimiento. La masonería tenía fundamentalmente tres grados, Aprendiz, Compañero y Maestro. En este tercer grado se representaba el misterio narrado en el Antiguo Testamento de la construcción del primer Templo de Salomón. La Leyenda del Templo será el núcleo de los rituales y representaciones de los grados propiamente masónicos. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado desplegará en doce grados la Leyenda del Templo donde Hiram Abiff el Maestro ideal es asesinado, su muerte vengada y sus cualidades transmitidas a todos los Hermanos que pasaban por ellos. La Leyenda termina en la Bóveda Sagrada, un Templo subterráneo descubierto debajo de la colina del Templo de Jerusalén. Sin embargo, en los rituales del primer Supremo Consejo del grado 33º de Charleston, 1804, la serie terminaba con los grados 15º y 16º, Caballero de Oriente o de la Espada y Príncipe de Jerusalén, cuyo Consejo culminaba los grados de Perfección Masónica que hacen referencia a la reconstrucción del segundo Templo de Jerusalén, tras el Exilio de Babilonia. Este segundo Templo es el que conoció Jesucristo, lo que les permitía enlazar la historia bíblica con el Nuevo Testamento. La perfecta y sublime condición de Masón se alcanza con el conocimiento de la Palabra Sagrada que no es otra que el Nombre Sagrado IHVH. Con ello la Francmasonería y la construcción del Templo es el Misterio de la Creación a partir del NOMBRE DEL PADRE.

LA ROSACRUZ: El segundo ideal es el de la Rosacruz. Inspirado en los Manifiestos Rosacruces de principios del siglo XVII, la Francmasonería incorporó la Rosacruz como grado litúrgico, cuyo tema central era el Misterio del Gólgota y la Santa Cena. Es un grado claramente cristiano que enlaza con la tradición científica y la búsqueda de la Gnosis, así como con el Hermetismo y la Alquimia. Este grado se alcanza tras la apertura de los sellos del Apocalipsis, en el grado 17º Caballero de Oriente y Occidente. Y la revelación es la del Tetragrámaton cristiano INRI, la Palabra Sagrada que se desvela en el NOMBRE DEL HIJO. 



LA ORDEN DEL TEMPLE: El tercer ideal que inspira los Misterios más profundos de Occidente es el ideal Templario, que promovió un auténtico revival de la Orden Militar de monjes-soldados, en un momento histórico donde al pretendiente Estuardo le permitió dotar de ideales a los aventureros que quisieron participar en sus descabelladas campañas. La primera plasmación del ideal tomó forma en la Orden de la Estricta Observancia Templaria, fundada por el aristócrata alemán Karl G. von Hund, que recibió la Carta Patente para fundar la Orden de los Caballeros Escoceses exiliados en Francia y que aseguraban que la Orden del Temple se había perpetuado en Escocia desde su desaparición en los Reinos Europeos a finales de la Edad Media. La Orden Templaria de la Estricta Observancia se abría a los masones que habían alcanzado el grado de Maestro Escocés, esto tomarán forma en los grados 29º y 30º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. El ideal Templario estaba asociado a la Leyenda del Grial, principalmente en su versión alemana, el Parzival de Wolfram von Eschenbach que hace veladas alusiones a la Orden y donde el Grial es descrito de forma análoga a la Ciudad Celestial. La Jerusalén Celeste se encuentra en el centro del Misterio que inspiró a los Cruzados y a los trovadores medievales, y que nos muestra la Revelación del Espíritu Santo. El Grial es una Comunidad Cristiana, una Milicia Santa que vive en la Ciudad Celestial regida por las leyes del Espíritu, en el NOMBRE DEL ESPÍRITU SANTO.


miércoles, 23 de enero de 2013

La Orden del Templo de la Rosacruz, por Phileas del Montesexto

Phileas del Montesexto es autor del libro "El Peregrino Rosacruz". Donde explica la historia de la Orden del Templo de la Rosacruz, una orden rosicruciana creada en el seno de la Sociedad Teosófica. Transcribimos unas conversaciones mantenidas con el autor sobre el tema e incluímos algunas fotografías sobre la OTRC:

Mientras que en América Max Heindel fundaba la Fraternidad Rosacruz, en Londres nacía la “Orden del Templo de la Rosacruz” (1912), una iniciativa teosófica propiciada por la arquitecta norteamericana Mary Russak, apoyada inicialmente por Annie Besant (presidenta de la Sociedad Teosófica) y James Wedgwood (obispo de la Iglesia Católica Liberal), todos ellos miembros de la Orden co-masónica.
Bajo el lema de “Lux Veritatis”, la OTRC organizó una estructura iniciática con tres grados de progresión, similares a los de la Masonería: Neófito, Peregrino y Maestro, aunque pocos años después de su fundación Russak propició la aceptación del sistema de nueve grados concebido por la Rosacruz de Oro y adoptado por la Golden Dawn inglesa: Zelator, Theoricus, Practicus, Philosophus, Adeptus Minor, Adeptus Major, Adeptus Exemptis, Magister Templi y Magus. 

La organización estudiaba y practicaba la magia ceremonial, seguramente por influencia de la Golden Dawn, y estaba dedicada a la investigación “de los Misterios, Rosacrucismo, Cábala, Astrología, Masonería, Simbolismo, Ceremonial Cristiano, Tradiciones Místicas y Ocultas del Occidente”, confiando en que tal obra “sirva de preliminar para la restauración de los Misterios desaparecidos de Europa con la decadencia de Roma”. (23)
En la revista “Sophia” de junio de 1912 se informaba que “el Consejo de la Orden se halla compuesto por 12 Hermanos profundamente interesados en todo lo que se refiere al Ocultismo Ceremonial y Misterios Arcaicos, y que esperan formar un instrumento útil, bajo la inspiración del Maestro Rákóczi, para resucitar los Antiguos Misterios y preparar la llegada del Maestro del Mundo”. (24)
Aunque su vida fue bastante efímera (de 1912 a 1918), la OTRC tuvo una buena acogida en los círculos teosóficos y co-masónicos. Además del Templo Supremo de Londres, se fundaron grandes templos en la India (Adyar), en Escocia (Edimburgo), en Estados Unidos (Krotona) y en Holanda (La Haya), con núcleos establecidos también en Francia, Bélgica y Noruega. 
Los rituales de la OTRC fueron escritos por Marie Russak y Annie Besant, las cuales decían inspirarse en ciertas indicaciones brindadas metafísicamente por el Conde de Saint Germain. Una de las características de este ritual era el encendido de velas por cada uno de los Instructores Mundiales: Vyasa, Hermes (Thoth), Zoroastro, Orfeo, Buddha, Krishna y Cristo.

El caos ocasionado en Europa por la Primera Guerra Mundial interrumpió el trabajo de la Orden y éste ya no pudo ser restituido, más que nada por la férrea oposición de Charles Leadbeater a esta iniciativa (25). Antes de la disolución, Annie Besant prometió a Marie Russak que “la actividad rosacruz de la OTRC volverá a florecer cuando los tiempos sean propicios”, aunque estos nunca llegaron, pues en los años siguientes la Sociedad Teosófica se concentró de lleno en proclamar a Krishnamurti como el nuevo mesías y en potenciar otras organizaciones auxiliares como la Iglesia Católica Liberal, la Co-masonería y la Orden de la Estrella, así como la implementación de un ritual más “abierto” a todos, creado por Jinarajadasa y conocido como el “Ritual de la Estrella Mística”.
Desilusionada del poco apoyo obtenido en el seno de la Sociedad Teosófica, Russak contactó en California con Harvey Spencer Lewis, que en esos días estaba estableciendo los cimientos de la Antigua y Mística Orden Rosae Crucis (AMORC) y juntó fuerzas con él para la elaboración de los rituales y las prácticas internas de esta nueva organización. Las fotografías que se conservan del templo de la OTRC nos muestran una decoración egipcia (la cual era bastante novedoso en los ámbitos ritualísticos rosacruces), donde aparecen elementos relacionados con la Orden de la Estrella y retratos de los Mahatmas (particularmente Rákóczi y Maitreya).
Aunque la Orden AMORC oficialmente nunca admitió una participación activa de Russak, sí podemos encontrar muchas coincidencias y varias referencias positivas sobre ella en las publicaciones de la Orden: “Marie Russak (…) está interesada en la verdadera Orden [y es una persona] justa, honesta y veraz”. (26) Por otro lado, las múltiples referencias que hace la Orden AMORC sobre Kout-Houmi, (un Mahatma de la tradición transhimaláyica) como “hierofante de la Rosacruz” no parecen concordar demasiado con el origen europeo de la organización asegurado por su fundador Harvey Spencer Lewis, por lo cual podríamos suponer que la fuente de esta conexión haya sido la propia Marie Russak, la cual había estado en contacto previamente con el Maestro K.H.
La primera guerra y la influencia nefasta de Leadbeater (que quería manejar todo lo ritual dentro de la ST) llevó a la OTRC a su disolución, hacia 1918. Incluso existió otro ritual rosicruciano en la línea de la ST, en el que participó el hijo de Besant, pero de eso sí que no hay información. Por cierto, la agrupación fundada tras la disolución de la OTRC se llamó "Corona Fellowship of Rosicrucians".


Fotografías de un Templo de la OTRC y del llamado Ritual de Crotona, procedentes del Archivo de Salamanca:




domingo, 21 de marzo de 2010

Comentario: "La Llamada de la Rosacruz cuatro siglos de tradición viva"


LA LLAMADA DE LA ROSACRUZ Cuatro siglos de tradición viva, FRANS SMIT, catálogo y folletos de la exposición de la Biblioteca Real Holandesa, Exposición del 11 de diciembre de 1998 hasta 19 de febrero de 1999 (De roep van het Rozenkruis. Vier eeuwen levende traditie), publicado en España por la Fundación Rosacruz y el Lectorium Rosicrucianum, Zaragoza, 2001.

En este librito se recoge la historia del movimiento esotérico, que constituye la tradición espiritual y mística de Occidente, de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Una tradición que tiene una fuerte influencia de la Llamada de la Rosacruz, la Fama Fraternitatis, del siglo XVII, y que lejos de constituir una tradición clara y uniforme, con un tronco común, nos muestra una realidad muy distinta: el esoterismo occidental es una criatura más de cada momento histórico, por lo que experimentó los mismos cambios y transformaciones que otros fenómenos de nuestra cultura. En definitiva, el esoterismo es un elemento cultural más, conectado con la ciencia, las artes e incluso con la política.

El movimiento esotérico en el SIGLO XVII está fuertemente influenciado por los MANIFIESTOS ROSACRUCES. La "llamada de la Fraternidad" apareció en la forma de tres escritos: La Fama Fraternitatis, la Confessio y las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz, publicadas en Kassel (Alemania) y Estrasburgo, entre los años 1614 y 1616. Se trataba de una fábula de su tiempo, creada por un grupo de jóvenes estudiantes de teología de la Universidad de Tubingen, que formaban un círculo espiritual en torno a un teósofo y alquimista llamado Tobias Hess. De este grupo destacó Johann Valetin Andreae, quien se supone fue el autor material de los MANIFIESTOS, y que luego tendría un papel muy importante en la Corte de Wurtemberg.

Los MANIFIESTOS despertaron la imaginación de los científicos y eruditos de Europa, que comenzaron a soñar con una sociedad de filósofos y científicos, consagrados completamente a desentrañar los misterios de la naturaleza y de la divinidad. "La gigantesca perturbación quizás se puede mostrar mejor con simples números: 400 reacciones impresas en los primeros 10 años después de la publicación, aproximadamente 1.700 en los siglos XVII y XVIII. El tono bastante radical de los Manifiestos también contribuyó a la conmoción: propugnar un cambio completo de la religión, la ciencia y la política era algo totalmente nuevo." Estas reacciones no fueron solamente de apoyo a la reforma, sino también de intransigente rechazo. Lo cierto es que el movimiento esotérico europeo del siglo XVII está fuertemente influenciado por estos Manifiestos, y si bien no existe constancia de que se formara en este siglo ninguna Orden Rosacruz, si que aparecieron algunas sociedades tanto de científicos como de místicos, que intentaban realizar el ideal Rosacruz, ejemplos de ello fueron la Sociedad Macaria de Comenius o el Colegio Invisible de Londres, que más tarde se convertiría en la Real Sociedad, máxima institución científica británica.

El SIGLO XVIII está marcado por la Ilustración y su movimiento esotérico por excelencia: la Francmasonería. En el mundo masónico existe un tronco común, del cual surgieron innumerables grupos: la Gran Logia de Londres, fundada en el año 1717. Su vocación: transformar a los seres humanos y a la sociedad, gracias a las luces ilustradas de la Razón. La Francmasonería será un canal esencial para la circulación de las ideas de reforma de la Ilustración. Pero también será un canal fundamental para el desarrollo del movimiento esotérico, que en esta época se podría tildar de ILUMINISTA. De hecho es en este siglo en el que aparece por primera vez una ORDEN ROSACRUZ, la llamada Fraternidad de la Orden de la Cruz de Oro y Rosas, o más comumente: los Rosacruces de Oro, fundada en 1710 por Samuel Richter, que se hacía llamar Sincerus Renatus (el renacido sincero). Estos rosacruces tenían un marcado interés por la Alquimia, de manera que el término rosacruz se convirtió prácticamente en sinónimo de alquimista. Algunos otros grupos de francmasones interesados por la alquimia formaron grupos y sociedades rosacruces. Lo que finalmente se materializó en una serie de ritos masónicos inspirados en la Rosacruz, que hoy se encuentran en el Capítulo Rosacruz, que comprende los grados 17º y 18º, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Del siglo XVIII hay que destacar la fundación en el año 1766 de la llamada "Orden de los Caballeros Elegidos Coën", en cuya cúspide se encontraban los "Réau-Croix", sus ritos estaban integrados en la Masonería Capitular Escocesa, denominada Estricta Observancia. Su fundador Martines de Pasqually, era un teósofo y taumaturgo, interesado por la cábala, más que por la alquimia. Otros teósofos de este siglo fueron Louis-Claude de Saint-Martin y Emmanuel Swedenborg.

El SIGLO XIX aporta al movimiento esotérico un fuerte componente romántico. El gusto por lo exótico y lo misterioso crean lo que se llamará en términos generales el OCULTISMO, el interés por lo oculto, lo desconocido. Sin embargo, todavía influenciado por el espíritu de la Francmasonería, el OCULTISMO se interesa por la MAGIA y los RITUALES arcanos. Una de las principales figuras de esta época fue ELIPHAS LEVI (Alphonse Louis Constant 1810-1875), que dejó gran cantidad de obras escritas sobre magia ceremonial. Robert Wentworth Little funda la Societas Rosicruciana in Anglia (SRIA), que solo admitía maestros masones, Little se hacía llamar Magus. De la SRIA surgió en 1888 la Golden Dawn (Aurora Dorada), que tuvo como maestro a McGregor Mathers, y por la que desfilaron personajes como Aleister Crowley, el poeta irlandés William Butler Yeats o Bram Stocker (autor de la novela Drácula). Lo determinante fue la búsqueda de lo oculto y de la sabiduría arcana, en su forma de magia ceremonial.


En Francia tuvo lugar la llamada guerra de las rosas entre dos eruditos personajes y sus respectivas órdenes rosacruces: Stanislas de Guaïta, fundador de la Orden Kabalística de la Rosacruz, y Joséphin Péladan, un artísta y místico católico, que fundó la Orden de la Rosa Cruz Católica y Estética, muy conocida porque fue la promotora de los famosos Salones Rosa Cruces, que en 1893 presentaban obras de algunos pintores, entre los que se encontraba Delacroix, el movimiento rosacruz estético de Péladan, también inspiró los Conciertos Rosacruces de Eric Satie. El estilo ocultista y ceremonial del siglo XIX continúa en el siglo siguiente, sobre todo, gracias a la Orden Rosacruz AMORC (Antigua y Mística Orden Rosa Cruz), fundada en torno al año 1909 por el Dr. Harvey Spencer Lewis, quien creó un Parque Rosacruz, en San José de California, decorado al estilo del antiguo Egipto.


El movimiento romántico coincide con la expansión colonial de los europeos, lo que alimentó el interés por lo exótico. La llegada a India, en particular, permitió que el movimiento esotérico se nutriera de ciertas doctrinas orientales, como eran la doctrina sobre el karma y la reencarnación. Los finales del siglo XIX y en general el SIGLO XX, se encuentran influenciados por el orientalismo, traído de la mano de Madame Blavatsky, una aventurera rusa, que fundó a finales del siglo XIX la Sociedad Teosófica, en Nueva York, y que escribió dos importantes obras: Isis sin velo, y sobre todo, La Doctrina Secreta. El movimiento esotérico se nutriría de las ideas e interpretaciones orientalistas de Blavatsky.
Y es precisamente en el seno de la Sociedad Teosófica donde aparece una nueva línea de pensadores rosacruces, que tiene como primera figura al impresionante Dr. Rudolf Steiner, fundador de la Sociedad Antroposófica. La monumental obra de Steiner está llena de referencias rosicrucianas, que combina magistralmente con el orientalismo teosófico. Fruto del contacto con Steiner, surgirá en 1909 la Fraternidad Rosacruz fundada por Max Heindel en Oceanside, California. Max Heindel escribió El concepto Rosacruz del cosmos, una obra que no dejan de estudiar y enseñar los miembros de la Fraternidad Rosacruz.
Y finalmente, tras la II Guerra Mundial, se funda en Holanda, el LECTORIUM ROSICRUCIANUM, por parte de algunos estudiantes de la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel. La nota diferencial de esta nueva comunidad religiosa, es su clara vuelta al espíritu inicial de los MANIFIESTOS ROSACRUCES, la idea de la transmutación alquímica del espíritu humano, en el interior de la Morada del Espíritu Santo, inspirarán a este movimiento, que incluirá de forma natural las ideas orientales del karma y la reencarnación.

Juan Almirall

lunes, 28 de diciembre de 2009

HISTORIA DE LA FRANCMASONERIA Y SU INFLUENCIA EN EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL (PARTE I)

En los próximos artículos nos gustaría intentar dar respuesta a la pregunta siguiente: ¿Cómo es posible que de la cosmovisión del siglo XVII, todavía muy influenciada por el pensamiento mágico del Renacimiento, la humanidad pasara a la cosmovisión realista y materialista del siglo XIX? Sin duda, esta pregunta tiene muchas posibles respuestas. Pero nosotros queremos intentar introducir un elemento más al debate, que a menudo pasa desapercibido, dado que es un elemento extraño, no suficientemente estudiado, porque presenta evidentes dificultades. Este elemento no es otra cosa que la Francmasonería del Siglo de las Luces, y su influencia en la Ilustración.

Nos parece que una propuesta de dar respuesta a nuestra pregunta que no contemple este fenómeno histórico, sus motivos e intenciones, siempre será una respuesta incompleta. Dado que, el siglo XVIII es el siglo de la Francmasonería, es el siglo donde esta institución jugará un papel decisivo en la historia de la humanidad, y si bien, siguió teniendo una gran influencia en siglos posteriores, en nuestra opinión, la importancia que tuvo la Hermandad de Francmasones, como un canal de difusión de nuevas ideas, no es comparable, con el rol que jugó en los siglos siguientes. Pues en el siglo XVIII las grandes ideas que desplazaron el pensamiento de la humanidad, desde las doctrinas medievales escolásticas hacia una revolución científica y social, que determina el mundo moderno, todas ellas, circularon por las logias de la Hermandad.

El siglo XVII es el siglo de los grandes filósofos y científicos que trabajan de forma individual. Descartes, Leibniz, Hume, y sobre todo Spinoza en el campo de la ciencia: Kepler, Galileo, Newton. El paradigma cosmológico ha cambiado, el mundo ya no es como lo concebían los medievales, la revolución científica está en marcha. Muchos príncipes ilustrados alemanes invitan a sus cortes a los filósofos y científicos copernicanos. El sol está en el centro del Universo, aunque esta es una idea de los sabios y eruditos europeos, todavía no ha sido asumida por la mayoría. Esta será la tarea de la Ilustración.

A principios del siglo XVII, concretamente en el año 1614, se publica en Alemania, en la imprenta del Landgrave de Kassel-Hesse, un príncipe protestante, una obra singular: la Fama Fraternitatis de la Orden Rosacruz. En esta obra los sabios de una Orden legendaria hacen una llamada a todos los científicos y filósofos de Europa, para unirse, agrupándose en una sociedad universal y compartir sus conocimientos. Esta será una invitación que no dejará indiferente a ningún filósofo europeo. Cuatrocientas respuestas dieron los eruditos de toda Europa a la Fama de los Rosacruces, unas positivas y otras negativas. Europa estaba dividida.

Cuatro años más tarde, en 1618, comienza la Guerra de los Treinta Años, que enfrenta a la muy católica Casa Imperial de los Habsburgo contra los Estados alemanes reformados, que además habían sido más receptivos a la llamada de la Orden Rosacruz. El Palatinado del Rin, con su magnífica capital Heidelberg, Kassel-Hesse, Württemberg. Sin embargo, no encontramos realmente en todo el siglo XVII testimonio de ninguna Sociedad u Orden Rosacruz, que así se denominara. Lo que sí que se dieron fueron algunos círculos de filósofos y científicos, que se unieron bajo la forma de sociedades, bien místico-cristianas, como la Sociedad Macaria de Comenius y Hartlib, bien de científicos, como el Invissible College de Robert Boyle y otros, que pasaría a ser la Royal Society, todas ellas respondiendo a la llamada de los Rosacruces.

En Inglaterra y Escocia, donde la Guerra de los Treinta Años no había penetrado, los científicos inspirados por la Fama encontraron un lugar pacífico y adecuado para asociarse, y algunos de ellos entraron a formar parte de las antiguas cofradías de constructores de catedrales, en aquel momento poco “operativas”, pero que seguían conservando ciertos ritos de iniciación y símbolos corporativos, en lo que se llamaban las Logias. Existen pocos testimonios de ello, pero tal vez el más importante sea el caso de Elias Ashmole, político, anticuario y alquimista británico, que testimonia en su diario la pertenencia a una Logia de Warrington en el Condado de Lancashire. Ashmole también había publicado una respuesta a la noble Orden de la Rosacruz, en la que pedía su ingreso.

A grandes rasgos, las ideas que se propagaban en esta época, eran básicamente las siguientes: la negación cartesiana de la existencia de fuerzas invisibles en la Naturaleza, idea demoledora para el pensamiento mágico del Renacimiento, la cosmología heliocentrista de Copérnico, reelaborada por Kepler y Galileo, el paradigma matemático de una ley física universal formulada matemáticamente, las ideas infinitistas de Giordano Bruno recogidas por Spinoza, y su doctrina monista de una única sustancia: la Naturaleza con atributos divinos, y la necesidad de formar sociedades científicas, y comunidades reformistas de todos los ámbitos sociales, en el campo de la educación con Comenius, y también en lo social. En el campo de la religión la Reforma protestante ya se había producido.

Todas estas ideas son propagadas en el siglo XVII principalmente por individuos, y con el terrible problema de una guerra que está desolando Europa, mermando todo el capital humano. Tras la Guerra de los Treinta Años, a mediados de siglo, Europa renacerá de sus cenizas. Y será gracias a la Ilustración que estas ideas se propagarán, ya no de forma individual, sino por todo el pueblo, gracias a los ideales morales y pedagógicos de los ilustrados del siglo XVIII, educar a la masa será el principal objetivo de estos reformistas en el campo de lo social. Cien años llevará a los ilustrados desmantelar el feudalismo y sus supersticiones, que sumían en la miseria cultural a la gran masa.

En esta tarea de educación de la masa, juega un papel definitivo, tal como veremos, la Hermandad Universal de los Francmasones. Filósofos, científicos, artistas, mentes ilustradas, se darán cita en una Sociedad Universal, y propagarán por sus venas sus ideales de profunda reforma de la sociedad, la cultura y todos los campos del saber.

Juan Almirall

sábado, 27 de diciembre de 2008

LA PROPUESTA ILUMINISTA DE LA ROSACRUZ

La Rosacruz es el símbolo del iluminismo espiritual cristiano por excelencia. Sus raíces se encuentran en el Renacimiento, pero además, tendió un puente hacia la Modernidad. Pues, la Rosacruz del siglo XVII, tiene una profunda admiración por la filosofía natural y las ciencias, las ciencias renacentistas que tenían por objetivo elevar el alma humana hacia Dios, por medio de la Creación. Se trata de las matemáticas, la astrología, la alquimia, la medicina paracelsiana, la cábala, ciencias intuitivas que fueron difundidas por los grandes pensadores del Renacimiento: Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Giordano Bruno, John Dee o Paracelso, entre otros muchos. Estas son las ciencias que los Rosacruces, a las puertas de la Modernidad, trataron de reunir en su Fraternidad. Sin embargo, una nueva ciencia y forma de pensar se abría paso en aquellos días, una forma de pensar que pronto se impondría, y que era acérrima enemiga del pensamiento mágico del Renacimiento: el racionalismo cartesiano y su antagónica secuela, el empirismo británico, dos sistemas que unificados darán la Ilustración moderna, enemiga declarada de toda forma de Iluminismo. Sin embargo, el espíritu iluminista no se perdió, en los siglos que siguieron experimentó una serie de transformaciones y adaptaciones, que le permitieron continuar siendo la verdadera alternativa espiritual al cientifismo ilustrado.

La Rosacruz surge en el Sur de Alemania, en torno al año 1614, fecha en la que se publica la Fama Fraternitatis R.C. de la muy elogiable Orden Rosacruz, dirigida a todos los sabios ilustrados y gobernantes de Europa, publicada en Kassel por el impresor Wilhelm Wessel, con la autorización del Landgrave de Kassel-Hesse. Le siguieron al año siguiente una breve Confessio de XIV capítulos de la misma Orden, editada de la misma forma. Y un relato mágico-alquímico, titulado: “Chymische Hochzeit: Christiani Rosencreuz, anno 1459”, las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz, publicado en Estrasburgo, año 1616. La publicación de estos tres “Manifiestos Rosacruces” de la misteriosa Orden Rosacruz, produjeron una verdadera revolución cultural en su época, años convulsos, previos a una de las guerras más sangrientas que asoló la Europa de la época, la Guerra de los Treinta Años, que comenzó en el año 1618, en Bohemia, y que pronto se extendió por todos aquellos ducados que habían mostrado un particular interés por los Manifiestos Rosacruces. Se trataba de ducados, especialmente el Palatinado del Rhin, donde la Reforma y las tesis progresistas habían calado con mayor fuerza. El Palatinado del Rhin, Kassel-Hesse o Württemberg estaban gobernados por verdaderos príncipes renacentistas, que habían abrazado la Reforma Protestante, y que pusieron en jaque a la Casa Imperial de los Habsburgo.

Hasta cuatrocientas respuestas de partidarios y detractores se publicaron en los años que siguieron a la aparición de los Manifiestos, lo que sin duda, en aquel contexto histórico, fue una importantísima revolución cultural. Ningún ilustrado de Europa fue ajeno a la llamada de la Fraternidad Rosacruz. ¿Pero cuál fue la razón del interés por los Manifiestos? Lo que se proponían los autores de la Fama no era otra cosa que promover una Reforma General de las ciencias y las artes, combatir “el orgullo y la presunción de los ilustrados”, invitando a todos los sabios de Europa a unirse y escribir un librum naturae, un compendio de todas las ciencias y las artes, dando la espalda definitivamente al aristotelismo y galenismo imperantes en los focos medievales de la cultura, las Universidades regentadas por los escolásticos. Esta Reforma General fue el objetivo del legendario protagonista de la Fama y las Bodas Alquímicas: Cristián Rosacruz, un noble alemán que en su viaje a Tierra Santa, viajó por Arabia, conoció Damasco, Fez y Damkar, donde pudo observar que los sabios árabes, habían formado una comunidad para compartir y acrecentar sus conocimientos sobre la Naturaleza y sobre Dios. Resuelto a hacer lo mismo, el joven C.R.C. regresa a Europa por España, donde se encuentra el rechazo de los ilustrados europeos. Decepcionado por la respuesta de Occidente, C.R.C. regresó a Centro Europa, donde reunió a un grupo de discípulos en la Morada Sancti Spiritus, donde vivió con sus hermanos. La recién fundad Orden Rosacruz adoptó la siguiente regla: 1º los Rosacruces tendrán por oficio el de curar a los enfermos de forma gratuita; 2º sus vestimentas no deberán destacar y se adaptarán a las costumbres del país; 3º una vez al año deben comparecer en la Morada Sancti Spiritus; 4º la palabra R.C. será su sello, su contraseña y su ser más interior; 5º la Fraternidad deberá permanecer oculta durante 100 años.

Los autores de los Manifiestos eran un grupo de estudiantes de teología de la Universidad de Tübingen, Württemberg, que formaban un círculo en torno a un místico alemán llamado Tobias Hess. Del Círculo de Tübingen destacaba el joven Johan Valentin Andreae, descendiente de Jacob Andreae, teólogo luterano que alcanzó la fórmula de la concordia sobre el canon luterano. El joven Andreae se embarcó en la aventura Rosacruz, sin embargo, con los años, durante la Guerra, llegó a ser el Predicador de la Corte de Württemberg, y preguntado por aquella historia de los Rosacruces, negó toda filiación a una sociedad tal, sin embargo, mantuvo su afinidad con una verdadera fraternidad cristiana, que desde debajo de la cruz exhala un perfume de rosas.

Probablemente, Andreae se quería desligar de las aventuras que ya en su tiempo siguieron a los Manifiestos, con la proliferación de escritos, noticias, hechos, que nada tenían que ver con el espíritu del Círculo de Tübingen. Y lo cierto, es que la Fraternidad R.C. no dejó de fascinar a Europa, una Europa que se hundía en el universo de la razón ilustrada, por lo que el símbolo de la Rosacruz no dejó de inspirar a diferentes sociedades, órdenes, e impulsos que buscaban una alternativa a la razón científica. En el siglo XVIII vemos resurgir el símbolo Rosacruz entre la Fraternidad de los Francmasones, entre los grados más elevados de la Masonería Escocesa; más tarde, en el siglo XIX, autores románticos como Goethe dejarán rastros en sus obras, o las sociedades ocultistas románticas, que en el París del Simbolismo, rescataron el símbolo Rosacruz de diferentes maneras, y ya a principios del siglo XX, la Sociedad Teosófica, sobre todo de la mano del Dr. Rudolf Steiner, promovió un resurgimiento del rosacrucianismo moderno.

Saludos,

Juan Almirall