domingo, 29 de marzo de 2009

ORÍGENES DEL MONACATO CRISTIANO

En las antiguas ekklesias fundadas por los apóstoles, donde la totalidad de participantes recibía el Espíritu del Cristo, no había nada parecido a la vida ascética y retirada del mundo propio del monaquismo. Esta institución es, sin duda, fruto de una incorporación posterior a las primeras comunidades cristianas de tipo asambleario (ekklesia significa literalmente asamblea) fundadas por los apóstoles. Los primeros cristianos tenían unos estrictos códigos morales, que les permitían acceder a los dones espirituales, que se derramaban en la asamblea-iglesia, pero, sin embargo, no contemplaban una regla de vida ascética y retirada de la sociedad, practicando privaciones, austeridades y consagrándose a la oración, de forma exclusiva. Ni los propios apóstoles fueron anacoretas, ya que de lo contrario no hubieran podido llevar a cabo su misión evangélica, por más austeros que fueran, tal como se describe en algunos textos apócrifos, como en los Hechos de Tomás o Juan. Más bien, el objetivo de los apóstoles, de los maestros, profetas, taumaturgos y curadores cristianos (según la clasificación de 1 Cor. 12, 28) es el de difundir el evangelio (eu aggelía, de la misma raíz que ángel, traduciría por “el buen mensaje”). Sin embargo, ¿cómo evolucionó la cosa hacia el monacato que tanta importancia tuvo durante la Edad Media? ¿de dónde procedía esta institución?


El monacato cristiano aparece en Egipto, y su fundador fue un asceta, de humilde condición, Antonio, que se retiró a los desiertos egipcios, en las proximidades del Mar Rojo. Vivió como un anacoreta (anachôréô, alejarse, apartarse, retirarse). Como los hombres ágios (santos) de la época, era un gran asceta, sabio y tenía el poder profético y de curación, estaba obsesionado por los demonios en plural. De todas estas notas características advertimos claros elementos de la espiritualidad pagana helenística. Fue Atanasio de Alejandría quien divulgó su vida, poco menos que legendaria, en una biografía, escrita en griego, pero pronto traducida al latín, que estimuló la vocación de muchos cristianos por la nueva propuesta monástica, una nueva vía de santidad. Estamos a finales del siglo III y principios del IV. Pero el héroe de Atanasio no fue el único, Eusebio de Cesarea habla de un cierto Narciso, que a principios del siglo III, vivió en el desierto intentando alcanzar una “vida filosófica”. Es cierto, que el ascetismo no era nuevo en el medio cristiano, el encratismo (egkráteia o continencia sexual) era frecuente en ciertos círculos muy entusiastas, como los montanistas, y no olvidemos que las primeras iglesias cristianas, descritas en los Hechos de los Apóstoles, llevaban una vida de perfecta unidad y comunidad de bienes, pero el eremita (de érêmos, desierto, solitario) es un fenómeno nuevo de esta época. Sin embargo, el cristianismo no desconocía las comunidades monásticas, en el medio judío eran conocidas las sectas de los esenios y de los terapeutas egipcios, tal como los describe Filón de Alejandría. Se trataba de verdaderas comunidades monásticas en el más puro estilo oriental, comunidades que habían roto con la tradición levita, vinculada al Templo y al rito, al que acusaban de corrupción y de alejamiento de los preceptos más puros de la Ley. Los monjes esenios o terapeutas vivían con gran austeridad, en comunidad, célibes y retirados del mundo. Igualmente, eran comunes los sabios eremitas en el mundo pagano, que además estaban dotados de ciertos poderes, entre los que destacaba el poder oracular. Los esenios también eran bastante aficionados al profetismo, que al cabo es lo mismo. De hecho, y como decíamos antes, las notas distintivas de los poderes de Antonio, tienen mucho que ver con los poderes que la espiritualidad pagana helenística atribuía a sus hombres y mujeres santos, curanderos, oráculos y taumaturgos. Por último, no hay que despreciar la influencia de las escuelas filosóficas helenísticas, como podían ser los estoicos, epicúreos o los cínicos, muchos de los cuales vivían apartados o al margen de las polis, e incluso algunos de ellos en comunidad (como el famoso huerto kepos de las comunidades epicúreas), esto explicaría porqué el objetivo de algunos de los primeros eremitas y anacoretas fuera precisamente la vida filosófica. En definitiva, hasta el siglo IV no encontramos una bien definida vida monástica en el mundo cristiano. El hecho de que el monaquismo cristiano apareciera en Egipto, facilita asociarlo con los katochoi, sacerdotes consagrados al culto de Serapis, que vivían retirados del mundo, en absoluta pobreza y castidad, así como con los terapeutas judíos de los que ya hemos hablado, que tenían varias comunidades en las cercanías de Alejandría, estos terapeutas fueron confundidos por autores como Eusebio de Cesarea con monjes cristianos, de hecho Eusebio en muchas ocasiones no establece claras distinciones entre algunas tradiciones judías y cristianas. Una última influencia será la de los maniqueos y sus grupos de “elegidos”, que tenían unas reglas ascéticas muy estrictas, y se situaban en el centro de la vida religiosa y espiritual maniquea, viviendo en monasterios y de donativos y limosna, monasterios que abandonaban para ir a evangelizar, convirtiéndose en monjes itinerantes. Estos monjes itinerantes los volveremos a ver a partir del siglo IX, con la difusión primero en Oriente y después en Occidente, de las herejías dualistas, paulicianos y bogomilos, herederas del maniqueísmo. Los cátaros de Occitania también eran monjes itinerantes y predicadores, vinculados a la Iglesia búlgara bogomila, que inspiraron a las nuevas órdenes de predicadores (dominicos) y mendicantes (franciscanos) del siglo XIII.

Promotor de la vida filosófica como regla de vida monástica, fue Basilio de Cesarea (330-379), compañero de Gregorio Nacienceno, ambos origenistas convencidos, estudiaron en Atenas con el futuro emperador Juliano. Basilio interesado por la vida ascética, escribió una regla de vida monástica, que tuvo gran difusión en los cenobios y monasterios del Oriente, donde, gracias a esta regla, análoga a la benedictina de Occidente, da más importancia a la obediencia al superior, que a las mortificaciones corporales. Los monjes basilianos poblaron todo Egipto y se extendieron por Oriente. Otras tendencias ascéticas nos recuerdan el origen pagano de ciertas prácticas, como fueron las de los monjes estilitas, que se subían a una columna para dedicarse a la oración, y allí permanecían padeciendo importantes austeridades, esta era una práctica conocida ya en el mundo pagano, sobre todo en las religiones de Siria y Asia Menor. El patrón del monaquismo occidental fue Benito de Nursia (480-547) fundador del monasterio de Montecasino y autor de la “Regula monachorum”, la famosa regla benedictina, que se convirtió en la regla monástica por excelencia del Occidente cristiano y pronto se impuso en la práctica totalidad de los centros de vida monástica de la Edad Media. La regla establecía la famosa distinción entre el “opus dei” o dedicación al culto divino y el principio de “ora et labora”. También la regla prescribía que los monasterios se encontrasen en lugares solitarios, donde debía vivirse en estricta clausura. La dedicación a los trabajos manuales e intelectuales que establecía la regla, llevó a los monjes benedictinos a dedicarse con celo a la labor de copia de libros litúrgicos o de antiguos escritores clásicos, lo que convirtió a los monasterios y abadías benedictinas en auténticos guardianes del conocimiento y de la cultura, tal como los recrea Umberto Eco en su famosa novela “En nombre de la rosa”. El Cister fue otra orden monástica, fundada en 1098, que pretendió volver a la práctica de la regla de Benito de Nursia, de la que consideraban que los benedictinos se habían apartado, Bernardo de Claraval fue su mayor difusor. El abad cisterciense Joaquín de Fiore (1135-1202), describió el desarrollo histórico de la humanidad en tres períodos, el período del Padre, el del Hijo y el del Espíritu Santo. La aparición de las modernas Universidades durante el llamado Renacimiento del siglo XII, estaba muy ligado a la vida monástica medieval, totalmente identificada con la cultura. Así se consideró que el período del Espíritu Santo estaría dominado por el monaquismo intelectual, que formaban las ordenes mendicantes y de predicadores, nacidas a la sombra de las Universidades, donde se desarrolló el aristotelismo averroista y la Escolástica.

De hecho, tanto en el mundo cristiano como en las religiones orientales, el monaquismo siempre ha estado, de alguna forma, vinculado con la filosofía y la búsqueda de la pureza espiritual, bien sea por medio del ascetismo, del encratismo o del eremitismo. Conocimiento profundo de dios y pureza de vida, una y otra vez han sido el motor de todos los movimientos monásticos, un tipo de vida muy semejante al de las primitivas escuelas filosóficas, con las que, como ya se ha dicho, la vida monacal tiene importantes paralelismos.

Juan Almirall

domingo, 1 de marzo de 2009

EL CRATER Y EL GRIAL

“El Demiurgo hizo la totalidad del cosmos, no con las manos, sino con el Logos. Piensa por ello que está presente, que existe eternamente, que creó todas las cosas, que es uno y único (henòs mónou) y que creó todos los seres por su propia voluntad… Pero si bien el creador, oh Tat, repartió entre todos los hombres el logos, no hizo lo mismo con el noûs. Y no porque menospreciara a algunos, porque el menosprecio no procede de allá sino que constituye aquí abajo en las almas de los hombres que carecen de noûs. – Entonces padre, ¿por qué no concedió Dios el noûs a todos los hombres? – Porque quiso, hijo mío, que el noûs se asentara entre las almas como recompensa. - ¿Y dónde lo emplazó, padre? – Llenó con el noûs una gran Kratêra y la envió a este mundo acompañada de un heraldo que tenía la misión de proclamar a los corazones de los hombres estas palabras: “Bautízate (báptison) en esta Kratêra tú que puedes hacerlo, tú que confías en que retornarás junto al que la ha enviado y sabes por qué has nacido”. Aquellos que comprendieron la llamada y se bautizaron en el noûs, participaron de la gnosis y se convirtieron así en hombres perfectos (téleioi ánthrôpoi), dotados de noûs.” Hermetica IV “ermo pros tat o kratêr, ê monas”.


Se atribuye a un tal Zópiro de Heraclea la autoría de una rapsodia órfica, titulada “Cráter”. Existía una ciudad de Heraclea que se encontraba en el golfo de Tarento, fundada por Tarento y poblada por tarentinos. Por lo que en la antigüedad aludir a Heraclea era aludir a Tarento, lo que nos permite identificar a Zópiro de Heraclea con aquel Zópiro de Tarento que aparece en la lista de pitagóricos de Aristóxeno. Por esta razón podemos hablar de una tradición órfico-pitagórica que trataba sobre una Kratêra o un cráter de fuego, una gran copa en la que ardía un fuego purificador, que según Hermes Trismegisto, purificaba a los hombres que se bautizaban (sumergían) en él, y les otorgaba el Noûs, el espíritu inmortal.
La palabra griega cráter tiene varias acepciones: una vasija grande para mezclar el vino con el agua, y que también servía para hacer libaciones, pero también se utilizaba para designar una caverna o un cráter volcánico, es decir, un gran agujero en la tierra del que manaba el fuego del Tártaro. Esto permite relacionar el cráter con los ritos destinados a la gran Madre, Deméter y su Hija Infernal, la terrible Perséfone. En el Himno Homérico a Deméter vemos a la Diosa purificando a Demofoonte con el fuego. También era popular la leyenda, recogida por Diógenes Laercios, de que Empédocles de Agrigento había muerto al caer en el Etna: “Y tú, Empédocles, antaño, al purificar tu cuerpo en sutil llama, apuraste el fuego en inmortales cráteres. No diré que por propia voluntad te lanzaste al flujo del Etna…” A Empédocles se le relaciona con la magia y con el pitagorismo. Y como es bien sabido, la magia era una de las actividades gobernadas por la infernal Hécate, compañera de Deméter en la búsqueda de su hija Perséfone. En definitiva, existía una tradición órfico-pitagórica que relacionaba el fuego, la kratêra y las divinidades infernales, de hecho, de lo que se trataba era, como dice Hermes, de purificarse por el fuego, antes de acceder a la morada del Hades. Por otra parte, Platón recoge en su diálogo más pitagórico, el “Timeo”, la tradición de que el Demiurgo creó el alma del cosmos en una kratêra, donde realizó una serie de mezclas de las sustancias, y de esa misma kratêra salieron después las almas particulares, esto es, las almas de los hombres. Platón también recoge en el diálogo “Fedón” una sorprendente descripción de la geografía infernal. Describe el Tártaro como un lugar en el interior de la tierra, donde múltiples corrientes se encuentran en una laguna central, el Aquerusíade, donde las almas de los hombres son purificadas, lo interesante del caso es que, una de ellas, “el río que denominan Piriflegetone” está formado por torrentes de lava, que luego “arrojan fragmentos al brotar en cualquier lugar de la tierra”. Platón quedó impresionado por el volcán Etna, que pudo ver cuando visitó la isla de Sicilia. Y en el Tártaro las almas de los difuntos son arrojadas, según sus crímenes, a los diferentes ríos que menciona, para que puedan purificarse.
Estos son los diferentes mitos de origen órfico, que la tradición pitagórica hizo suyos: la existencia de ríos subterráneos de agua y de fuego, donde las almas iban a parar según sus crímenes para ser purificadas, así como la existencia de un cráter de fuego, descendido del cielo, y ofrecido a los hombres por el Demiurgo, donde podía purificarse y obtener el noûs, la inteligencia divina, que los transformaba en seres divinos, capaces de traspasar las esferas planetarias, y alcanzar la bóveda estrellada. Como vemos la antigüedad pagana mantuvo, a lo largo de los siglos, estos mitos, que veremos desaparecer con la llegada del Cristianismo.
Los primeros textos cristianos nos intentarán presentar al Cristianismo como una religión mistérica más. El bautismo, la inmersión en el agua de los judíos, se incorporó como una práctica ritual purificadora, pero los apóstoles y discípulos del Cristo recibían otro bautismo, el Bautismo de Fuego, que les permitía la recepción del Espíritu del Cristo, el Espíritu Santo o curador. El misterio central del Cristianismo recogía de la misma manera que la tradición órfica pagana una purificación por el fuego, un bautismo de fuego, una inmersión en el fuego, que purifica al alma, la cura y le hace inmortal. Sin embargo, este misterio central del Cristianismo, con el tiempo irá perdiendo su papel principal. A medida que la religión cristiana se decanta hacia disputas teológicas y dogmas de fe, la magia sacramental del misterio cristiano pierde protagonismo, y ya a nadie le importa realmente la purificación ígnea, que tanto interesó a los antiguos. Sin embargo, en la Edad Media, vemos aparecer una nueva literatura mítica, las novelas de caballería, inspiradas en las colecciones de mitos paganos, como las “Metamorfosis” de Ovidio, donde se intentará recuperar los valores espirituales que se transmitían por medio de los relatos mítico-simbólicos. Gracias a este nuevo movimiento literario veremos resurgir el mito del cráter de fuego, de la mano de Chretien de Troyes, en “Li contes del Graal” (El cuento del Grial), en la segunda mitad del siglo XII. El episodio en el Castillo del Grial sucede de la siguiente manera: “Había allí dentro una iluminación tan grande como la podrían procurar las candelas en un albergue. Y mientras hablaban de diversas cosas, de una cámara llegó un paje que llevaba una lanza blanca empuñada por la mitad, y pasó entre el fuego y los que estaban sentados en el lecho. Todos los que estaban allí veían la lanza blanca y el hierro blanco, y una gota de sangre salía del extremo del hierro de la lanza, y hasta la mano del paje manaba aquella gota bermeja… Mientras tanto llegaron otros dos pajes que llevaban en la mano candelabros de oro fino trabajado con nieles. Los pajes que llevaban los candelabros eran muy hermosos. En cada candelabro ardían por lo menos diez candelas. Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando allí hubo entrado con el grial que llevaba, se derramó una claridad tan grande, que las candelas perdieron su brillo, como les ocurre a las estrellas cuando sale el sol, o la luna. Después de ésta vino otra que llevaba un plato de plata. El grial, que iba delante, era de fino oro puro; en el grial había piedras preciosas de diferentes clases, de las más ricas y de las más caras que haya en mar ni en tierra; las del grial, sin duda alguna, superaban a todas las demás piedras.” El misterioso objeto, llamado Grial o Graal, es semejante a una Crátera, de hecho, la raíz de la palabra "graal" tiene cierta relación etimológica. Pero la leyenda de los mágicos poderes del Grial, la crearon con posterioridad autores como Wolfran von Eschenbach, que parece haberse inspirado en la Orden del Temple, para construir su fábula de la Comunidad del Grial, un grupo de caballeros que se encuentran en torno al misterioso objeto, capaz de purificar por el fuego a los hombres y darles la inmortalidad. Sin embargo, para Eschenbach el Grial no es una copa, sino una piedra “lapis exillis”: “Sé bien que viven muchos valientes caballeros en Munsalwäsche, junto al Grial. Cabalgan una y otra vez en busca de aventuras. Consigan la derrota o la victoria, estos templarios expían así sus pecados. Habita allí una tropa bien experimentada en la lucha.” Directamente, Wofran identifica a la Comunidad del Grial con la Orden de los Caballeros Templarios. Y luego dice: “Os diré de qué viven: se alimentan de una piedra, cuya esencia es totalmente pura. Si no la conocéis, os diré su nombre: lapis exillis”, que puede traducirse como “piedra del exilio” o “piedra del cielo”. “La fuerza mágica de la piedra hace arder al Fénix, que queda reducido a cenizas, aunque las cenizas le hacen renacer. Así cambia el Fénix su plumaje y resplandece después en sus mejores galas, siendo tan bello como antes.” Vemos a esta piedra, que también se llama el Grial, realizando las funciones del antiguo cráter de los paganos, tal como lo describe Hermes, su poder mágico inflama con fuego al ave Fénix, símbolo del alma humana, y renueva su plumaje. Como los antiguos paganos, el fuego eliminaba las impurezas del vestido del alma, lo renovaba y le daba el brillo propio de una divinidad. El Grial de Eschenbach es el mismo fuego que utilizaba Deméter para purificar a Demofoonte en Eleusis. “Quien en la flor de la vida, fuera doncella o varón, contemplara la piedra durante doscientos años, conservaría el mismo aspecto: sólo el cabello se tornaría gris. La piedra proporciona a los seres humanos tal fuerza vital que su carne y sus huesos rejuvenecen al instante. Esta piedra se llama también el Grial. Hoy baja sobre él un mensaje, sobre el que descansan sus poderes sobrenaturales. Hoy es Viernes Santo y se verá cómo desciende del cielo una paloma y deposita sobre la piedra una pequeña y blanca hostia. La paloma, que resplandece en su blancura, retorna después al cielo.”

Saludos,

Juan Almirall

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Y CÓMO HA QUEDADO LA COSA? GALERÍA DE RETRATOS

Tras las broncas teológicas y políticas, que narramos en este blog, muchos os habréis preguntado: ¿y cómo ha quedado la cosa? A continuación, ofrecemos una galaría de retratos de los obispos irreconciliables, que se reparten el cuidado de las almas cristianas. Se trata de los obispos de las distintas Iglesias, muchas de ellas autocéfalas, pero dependientes del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, todos ellos calcedonistas; además tenemos los Monofisistas de Alejandría y Antioquía, y el Papa Nestoriano de la Iglesia Asiria, auténtico superviviente de incontables persecuciones históricas, hoy afincado en California; ah, y no nos olvidemos del Primado de la Iglesia Anglicana, aunque disculpándonos por no poder ofrecer aquí retratos de los cabezas de las infinitas Comunidades Cristianas Evangélicas y Protestantes. Bueno, esperamos que se vea claro que el Cristianismo, en definitiva, no tiene ni una única Jerarquía, que pueda presentarse como la única autoridad dogmática, ni una doctrina uniforme, pues los vientos del Espíritu del Cristo siempre han soplado en distintas direcciones y sobre distintas Iglesias.



Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I


Patriarca de Alejandría Theodoros II



Arzobispo de Atenas, Hieronymos II


Patriarca Ilia II de Georgia


Patriarca Teoctist de Rumania

Patriarca Pavle de Serbia

Patriarca Maxim de Bulgaria

Patriarca Ignatius IV de Antioquía


Patriarca de Jerusalén Irineos

Patriarca y Catolikos Karekin II de Armenia

Patriarca Alexis II de Moscú

Patriarca Paulos de Etiopía

Papa de Roma Benedicto XVI

Arzobispo de Canterbury Primado Anglicano
Papa Shenouda III de Alejandría (monofisista)
Patriarca Siríaco Ignatius Zakka I Iwas de Antioquía

Catholikos Malankar Basilius Mar Thoma Matthews II

Patriarca de la Iglesia Asiria Mar Dinkha IV (nestoriano)

martes, 17 de febrero de 2009

CRONOLOGIA DE LA IGLESIA BIZANTINA, DESDE LA FUNDACIÓN DE CONSTANTINOPLA HASTA LA INVASIÓN DE LOS TURCOS


Constantinopla se fundó en el año 330 por el Emperador Constantino I el Grande, fue la sede del Emperador en Oriente, considerada la Nova Roma. El Obispo de Constantinopla tuvo una gran influencia en la marcha de la Gran Iglesia Imperial, Juan IV Nesteutes se proclamó Patriarca Ecuménico, el Papa de Oriente, que dominó las Iglesias Orientales. Las relaciones con Roma fueron tensas, y se produjeron varios Cismas a lo largo de la historia, hasta la separación definitiva, en 1054. A continuación ofrecemos una cronología de Emperadores y Patriarcas, así como de algunos acontecimientos relevantes en la Historia de Bizancio, centrados sobre todo, en las herejías orientales, como el Arrianismo, Nestorianismo, Monofisismo, Paulicianismo o Bogomilismo.

SIGLO IV: LA CONTROVERSIA ARRIANA.

EMPERADORES:
Dinastía constantiniana (324-363)
Constantino I el Grande (272 - 337, emperador de 306 a 337), funda Constantinopla en el año 330. En el año 325 tiene lugar el Primer Concilio Ecuménico en Nicea, contra las tesis de Arrio (256-336).
Constancio II (317 - 361, emperador de 337 a 361) - hijo de Constantino I. Apoyó al Arrianismo, promueve los Sínodos de Rímini y Seleucia en 359, propone una salida intermedia: la fórmula “homeousion” (esencias semejantes).
Juliano el Apóstata (331 - 363, emperador de 361 a 363) - yerno de Constantino I, cuñado y primo de Constancio II, nieto de Constancio I. Intentó restaurar el Paganismo, era un filósofo Neoplatónico.
No dinástico o «Dinastía joviana» (363-364)
Joviano (332 - 364, emperador de 363 a 364) - soldado de Juliano
Dinastía valentiniana (364-379)
Valente (328-378, emperador de 364 a 378) - hermano del Emperador de Occidente Valentiniano I. Valente fue arriano.
Dinastía teodosiana (379-457)
Teodosio I el Grande (346-395, emperador de 379 a 395) - casado con una sobrina de Valente. Teodosio era español y ortodoxo, su Edicto de Tesalónica en el 380, declara el Imperio Cristiano. Vuelve al niceanismo, en el Segundo Concilio Ecuménico I Constantinopla, en el 381, se fija el símbolo niceano-constantinopolitano, condena a los herejes macedonios, apolinaristas y anomeos, condena final al Arrianismo, fin de la disputa.
Arcadio (377-408, emperador de 395 a 408) - hijo de Teodosio I.

PATRIARCAS:
315-327 Metrófanes
327-340 Alejandro
340-341 Paulo I
341-342 Eusebio de Nicomedia, subordinacionista y origenista, protegió a los Arrianos. Enemigo declarado del Atanasio de Alejandría.
342-344 Paulo I (2da vez)
342-346 Macedonio I, obispo niceano depuesto por los arrianos.
346-350 Paulo I (3ra vez)
350-360 Macedonio I (2da vez)
360-369 Eudoxio de Antioquía, arriano homeusiano.
369-379 Demófilo
369-370 Evagrio
379-380 Gregorio I Nacianceno (330-390), propuesto por Teodosio pero se retira pronto a un monasterio.
381 Máximo I el Cínico, fue depuesto y declarada inválida su ordenación.
381-397 Nectario
398-404 Juan I Crisóstomo, gran teólogo de la Escuela de Antioquia.

SIGLO V: LA CONTROVERSIA NESTORIANA Y MONOFISISTA, PRIMER CISMA.

EMPERADORES:
Teodosio II (401-450, emperador de 408 a 450) - hijo de Arcadio.
Marciano (392-457, emperador de 450 a 457) - yerno de Arcadio, cuñado de Teodosio II. Casado con la Emperatriz Pulqueria, el emperador era ortodoxo y fiel al Papa, y la emperatriz, muy piadosa, protectora de Dióscoro de Alejandría y el monje Eutiques frente al Papa romano y al Patriarca de Constantinopla Flaviano. El emperador Marciano y la emperatriz Pulqueria presiden el importante Concilio de Calcedonia, que dividió a la Cristiandad.
Dinastía tracia (457-518)
León I el Grande (401-474, emperador de 457 a 474).
León II (467-474, emperador en 474) - nieto de León I.
Zenón I Tarasio (425-491, emperador de 474 a 491) - yerno de León I, primer esposo de Ariadne, padre de León II. En el 480 expulsa a los Nestorianos del Imperio Bizantino.
Basilisco (emperador de 475 a 476) – Usurpador rival, cuñado de León I. Era Monofisista. En el año 476 se produce la caída del Imperio Romano de Occidente.
Anastasio I Isáurico (430-518, emperador de 491 a 518) - yerno de León I, segundo esposo de Ariadne. También era Monofisista, rompe con Roma, protege al Patriarca Acacio.

PATRIARCAS:
404-405 Arsacio
406-425 Atico
426-427 Sisinio I
428-431 Nestorio, fue llamado a Constantinopla por el emperador Teodosio II. Fue depuesto por el tercer Concilio Ecuménico de Éfeso, año 431, promovido por Cirilo de Alejandría (412-444), declaran herética la doctrina que niega que la Virgen sea theotokos, el Nestorianismo.
431-434 Maximiano
434-446 Proclo
446-449 Flaviano, 449 se celebra el Concilio II Éfeso, presidido por Dióscoro de Alejandría, fue declarado por el Papa “latrocinium”, se aprueba el Tomo a Flaviano un texto que definirá la ortodoxia posterior.
449-458 Anatolio, se celebra en el 451 el Cuarto Concilio Ecuménico en Calcedonia, donde se definirá definitivamente la ortodoxia, declara heréticas las tesis de Eutiques y Dióscoro, la teología Monofisista. Tras el Concilio de Calcedonia la Iglesia quedó dividida en dos: Calcedonianos y Monofisistas.
458-471 Genadio I
472-488 Acacio, Patriarca Monofisista, es excomulgado por Felix III calcedoniano y pretende deponerle. El Emperador Anastasio le protege, y se produce el Primer Cisma, llamado Cisma acaciano.
488-489 Fravitas
489-495 Eufemio
495-511 Macedonio II

SIGLO VI: FINAL DE LA DISPUTA MONOFISISTA, LA ÉPOCA DE JUSTINIANO.

EMPERADORES:
Dinastía justiniana (518-602)
Justino I el Grande (450-527, emperador de 518 a 527). Pone fin a la polémica cismática con Roma, en el 518. Asumen el credo Calcedoniense y persigue a los Monosfisitas en el Imperio, menos en Alejandría.
Justiniano I el Grande (482-565, emperador de 527 a 565) - sobrino de Justino I. En el 529 decreta la prohibición de enseñar a los paganos y cierra la Academia Neoplatónica de Atenas, época de erradicación del paganismo. En el año 543 condena el Origenismo. Dicta leyes contra maniqueos. En el 553 se celebra el Quinto Concilio Ecuménico II de Constantinopla, condena definitiva al Monofisismo, presidido por el Patriarca Eutiquio.
Justino II (520-578, emperador de 565 a 578) - sobrino de Justiniano I
Tiberio II Constantino (540-582, emperador de 578 a 582) - suegro de un sobrino nieto de Justino I, adoptado por Justino II en 574
Mauricio Tiberio (539-602, emperador de 582 a 602) - yerno de Tiberio II

PATRIARCAS:
511-518 Timoteo I
518-520 Juan II de Capadocia
520-535 Epifanio
535-536 Antimo I
536-553 Menas
552-565 Eutiquio, se enfrentó al emperador Justiniano, que en sus últimos días había caído en una herejía docetista y monofisista, intentó que el Patriarca y el pueblo le siguieran.
565-577 Juan III Escolástico
577-582 Eutiquio (2da vez)
582-595 Juan IV Nesteutes (el ayunador), utiliza el título de Patriarca Ecuménico, lo que provocó la reacción de Roma
596-606 Ciriaco

SIGLO VII: CONTROVERSIA MONOTELISTA Y APARICIÓN DEL PAULICIANISMO.

EMPERADORES:
No dinástico o «Dinastía de Focas»
Focas el Tirano (?-610, emperador de 602 a 610) - derrocó a Mauricio. La mayoría de las provincias orientales del Imperio son monofisistas, los emperadores calcedonianos.
Dinastía heracliana (610-711)
Heraclio (575-641, emperador de 610 a 641), invasiones persas y pérdida de territorios. En el 634 comienzan las invasiones árabes, en el 642 Bizancio ha perdido todas las provincias orientales: Siria con Antioquia, Palestina con Jerusalén y Egipto con Alejandría. Heraclio intenta reconciliar a los calcedonianos con los monofisistas, y para ello busca una fórmula intermedia: la monoenergía (una sola actividad en Cristo), que termina con la formula monotelista (una única voluntad en Cristo), ni calcedonianos ni monofisitas aceptaron ninguna de las dos fórmulas.
Constantino III Heraclio (612-641, emperador en 641) - hijo de Heraclio
Heracleonas Constantino (626-641, emperador en 641) - hijo de Heraclio, hermanastro de Constantino III
Constante II Heraclio Pogonato ("el Barbado") (630-668, emperador de 641 a 668) - hijo de Constantino III. Aparece en la Armenia bizantina la secta de los Paulicianos, movimiento dualista no maniqueo, fundado por un tal Constantino, y comienzan a ser perseguidos hasta el año 726.
Constantino IV (649-685, emperador de 668 a 685) - hijo de Constante II. 680 Sexto Concilio Ecuménico 3º de Constantinopla, condena el monotelismo. Alejandría, Antioquia y Jerusalén, provincias todavía monofisistas, caen en manos del Islam, por lo que desaparece toda controversia, se impone el Cristianismo calcedoniano. Constantino IV y Justiniano II fueron considerados por Roma los Emperadores más ortodoxos en su calcedonismo.
Justiniano II Rhinotmetus ("Nariz Cortada") (668-711, emperador de 685 a 695) - hijo de Constantino IV
No dinásticos o primer «período turbulento» (695-717)
Leoncio II (emperador de 695 a 698) - general de Justiniano II
Tiberio III Apsimar (emperador de 698 a 705) - soldado, derrocó a Leoncio II

PATRIARCAS:
607-610 Tomás I
610-638 Sergio I
638-641 Pirro
641-653 Paulo II
654 Pirro (2da vez)
654-666 Pedro
667-669 Tomás II
669-675 Juan V, excomulgado por Roma, Máximo el Confesor, por no condenar al monofisismo.
675-677 Constantino I
677-679 Teodoro I
679-686 Jorge I, preside el Concilio de Constantinopla.
686-687 Teodoro I (2da vez)
688-694 Paulo III
694-706 Calínico

SIGLO VIII: PRIMERA CONTROVERSIA ICONOCLASTA.

EMPERADORES:
Restauración
Justiniano II Rhinotmetus - reinstaurado, rige nuevamente de 705 a 711
No dinásticos
Filípico Bardanes (emperador de 711 a 713) - soldado, usurpador
Anastasio II (???-721, emperador de 713 a 715) - no dinástico, secretario de Filípico electo por el Senado
Teodosio III (emperador de 715 a 717) - recolector de impuestos, proclamado emperador por las tropas rebeldes.
Dinastía isáurica (717-802)
León III el Isáurico (675-741, emperador de 717 a 741). Primer Emperador Iconoclasta, por influencia árabe, contra Juan Damasceno y el Papa Gregorio II (713-731) que defienden el uso de las imágenes . A partir del año 726 comienza una época de una cierta tolerancia al Paulicianismo, dado que también eran iconoclastas.
Constantino V Copronymus ("el del nombre de excremento") (718-745, emperador en 741) - hijo de León III
Artabasdo (emperador rival, de 741 a 743) - yerno de León III, cuñado de Constantino V
Constantino V Copronymus - reinstaurado, de 743 a 775. Durante los años 763 a 840 el Maniqueísmo es la religión oficial del Imperio mongol de Uyghur. 754 se celebra el Sínodo Iconoclasta de Constantinopla, y comienza la persecución del monacato.
León IV el Jázaro (750-780, emperador de 775 a 780) - hijo de Constantino V
Constantino VI el Cegado (771-797, emperador de 780 a 797) - hijo de León IV
Irene la Ateniense (755-803, emperatriz de 797 a 802) - esposa de León IV, madre de Constantino VI. Restitución del culto a las imágenes.

PATRIARCAS:
706-712 Ciro
712-715 Juan VI
715-730 Germán I, iconódulo, depuesto por el emperador León III.
730-754 Anastasio, iconódulo, excomulga al emperador Constantino V.
754-766 Constantino II, iconoclasta, títere del emperador.
766-780 Nicetas I, iconoclasta.
780-784 Paulo IV, último patriarca iconoclasta.
784-806 Tarasio, iconódulo, laico elevado a la dignidad de Patriarca Ecuménico. Preside en 787 el Séptimo Concilio Ecuménico 2º de Nicea, contra los iconoclastas.

SIGLO IX: SEGUNDA CONTROVERSIA ICONOCLASTA Y CISMA DE FOCIO.

EMPERADORES:
No dinásticos o segundo «período turbulento» (802-820)
Nicéforo I el Logoteta General (emperador de 802 a 811) - logoteta bajo Irene
Estauracio (emperador en 811) - hijo de Nicéforo I
Miguel I Rangabé (emperador de 811 a 813) - yerno de Nicéforo I, cuñado de Estauracio. Es derrotado por los búlgaros.
León V el Armenio (775-820, emperador de 813 a 820) - general de Miguel I. Emperador Iconoclasta, en el 814 comienza una nueva polémica iconoclasta y se persigue el culto a las imágenes. Aquí el polemista iconódulo es Teodoro el Estudita.
Dinastía amoriana o frigia (820-867)
Miguel II el Tartamudo o el Amoriano (770-829, emperador de 820 a 829) - yerno de Constantino VI. Segundo emperador iconoclasta.
Teófilo (813-842, emperador de 829 a 842) - hijo de Miguel II, tercer y último emperador iconoclasta. Asesinato de Sergio, pope pauliciano reformador, había introducido un dualismo moderado.
Teodora, esposa de Teófilo - viuda de Teófilo y regente de Miguel III. En el 842 la Emperatriz regente restaura el culto a las imágenes.
Miguel III el Beodo (840-867, emperador de 842 a 867 - hijo de Teófilo. Cisma con Occidente.
Dinastía macedonia (867-1057)
Basilio I el Macedonio (811-886, emperador de 867 a 886) - se casó con la viuda de Miguel III. Restaura al Patriarca Ignacio y se reconcilia con Roma. Guerras contra los Paulicianos, en el 872 toma Téfrica, plaza fuerte de los Paulicianos y mata a Crisokeir, sin embargo, el Paulicianismo se extiende. Destierra al Patriarca Focio. El Zar búlgaro Boris I somete la Iglesia búlgara a Constantinopla, lo que supone un duro golpe para Roma, y el regreso de Focio.
León VI el Sabio (866-912, emperador de 886 a 912) - se lo supone hijo de Basilio I, aunque probablemente fuera hijo de Miguel III. Enviudó tres veces y tuvo cuatro matrimonios, mal visto por el clero bizantino, busca el apoyo en el Papa de Roma, de quien obtiene la dispensa para casarse con la cuarta mujer.

PATRIARCAS
806-815 Nicéforo I, depuesto por el emperador iconoclasta.
815-821 Teodoro I Meliseno, iconoclasta afín al emperador, el Papa Pascual I (817-824) declara a Teodoro cismático.
821-837 Antonio I Casimates, iconoclasta.
837-843 Juan VII El Gramático, iconoclasta, se retira por su negativa a restaurar las imágenes, en el 842 con la Emperatriz Teodora iconódula.
843-847 Metodio I, monje restaurador iconódulo.
847-858 Ignacio, depuesto por el Emperador Miguel III, por denunciar su vida licenciosa y alcoholismo.
858-867 Focio, Gran Cisma en el 862. El Papa Nicolás I (858-867) declara cismático a Focio, un laico oficial de la guardia del Emperador elevado a la dignidad de Patriarca Ecuménico.
867-877 Ignacio I (2da vez), restaurado por el Emperador Basilio I. Se celebra en 869 el Octavo Concilio Ecuménico 4º de Constantinopla, contra Focio.
877-886 Focio (2da vez), restaurado por el Emperador Basilio I y aprobado por el Papa Juan VIII. Depuesto de nuevo por el Emperador León VI el Sabio.
886-893 Esteban I
893-901 Antonio II Kauleas

REINO DE BULGARIA
Fue una amenaza constante para Bizancio. Formado por parte de Tracia, Bulgaria y Macedonia, estaba repoblado por armenios, muchos de ellos eran Paulicianos. Entre los años 840-865 había Maniqueos en Bulgaria. En el año 865 se convierten definitivamente al Cristianismo. El primer rey cristiano es Boris, que reina hasta el 889.
889 – 893 Vladimir.
893 – 927 Simeón, amenaza al Imperio Bizantino.

SIGLO X: GUERRAS CONTRA LOS BÚLGAROS Y APARICIÓN DE LOS BOGOMILOS.

EMPERADORES:
Alejandro III (870-913, emperador de 912 a 913 - hijo de Basilio I. El Zar búlgaro Simeón (893-927) amenaza Bizancio, 913.
Constantino VII Porfirogeneta ("el nacido púrpura") (905-959, emperador de 913 a 959) - hijo de la cuarta mujer de León VI, la emperatriz Zoe Carbonupsina. Entre los años 927 y 969 aparece el movimiento Bogomilo, su fundador el Pope Bogomil. En el año 950 los árabes y los Paulicianos amenazan Bizancio. 927 cesan las hostilidades de Bulgaria contra Bizancio, el Zar Pedro de Bulgaria (927-969).
Romano I Lecapeno (co-emperador) (870-948, coemperador de 920 a 944) - suegro de Constantino VII.
Romano II Porfirogeneta (939-963, emperador de 959 a 963) - hijo de Constantino VII. Se casa con la emperatriz Teófane, una mujer inmoral que le anula. Tras la muerte de Romano, Teófane se casa con un general Nicéforo, que sube al trono imperial.
Nicéforo II Focas (912-969, emperador de 963 a 969) - se casó con la viuda de Romano II; padrastro de Basilio II y Constantino VIII. Pero Teófane se enamora del joven Juan Tzimisces, la emperatriz organiza la muerte de su marido.
Juan I Tzimisces (925-976, emperador de 969 a 976) - cuñado de Romano II. Conquista el norte de Bulgaria. Juan es nombrado emperador tras expulsar del palacio a la emperatriz Teófane y los asesinos de Nicéforo.
Basilio II Bulgaróctono ("el matador de búlgaros") (958-1025, emperador de 976 a 1025) - hijo de Romano II. Vence a los búlgaros en 1004.

PATRIARCAS:
901-907 Nicolás I El Místico, polémica con el Emperador León VI por su cuarto matrimonio, que recibe la aprobación de Roma.
907-912 Eutimio
912-925 Nicolás el Místico (2da vez)
925-927 Esteban II
927-931 Trifón
933-956 Teofilacto, recomienda al Zar búlgaro Pedro cómo debe tratar a las herejías aparecidas en Bulgaria, cita a los Bogomilos y a los Paulicianos, entre estos destaca al reformador Sergio (cien años anterior). Los Bogomilos se extienden por Bizancio.
956-970 Polieucto
970-973 Basilio I El Escamandriano
973-976 Antonio III El Estudita
980-992 Nicolás II Crisoberges
996-998 Sisinio II

SIGLO XI: CISMA TOTAL CON ROMA.

EMPERADORES:
Constantino VIII Porfirogeneta (960-1028, emperador de 1025 a 1028) - hijo de Romano II, hermano de Basilio II
Romano III Argiro (968-1034, emperador de 1028 a 1034 - yerno de Constantino VIII, primer esposo de Zoe
Miguel IV el Paflagonio (1010-1041, emperador de 1034 a 1041 - casado con la viuda de Romano III, segundo esposo de Zoe
Miguel V el Calafate (1015-1042, emperador de 1041 a 1042 - sobrino de Miguel IV
Zoe Porfirogeneta, (978-1050, regenta de 1028 a 1050) - hija de Constantino VIII
Constantino IX Monómaco (1000-1055, emperador de 1042 a 1055 - casado con la viuda de Miguel IV (tercer esposo de Zoe). Se produce la ruptura total con Roma, en 1054.
Teodora Porfirogeneta (980-1056, emperatriz de 1055 a 1056) - hija de Constantino VIII, hermana de Zoe
No dinástico
Miguel VI Estratiótico (emperador de 1056 a 1057) - elegido por Teodora
Dinastía Ducas-Comneno
Dinastía de los Comnenos (1057-1059)
Isaac I Comneno (1007-1060, emperador de 1057 a 1059) - derrocó a Miguel VI
Dinastía de los Ducas (1059-1078)
Constantino X Ducas (1006-1067, emperador de 1059 a 1067) - sucedió a Isaac I a la renuncia de éste.
Romano IV Diógenes (1032-1072, co-emperador de Miguel VII entre 1067 y 1071) – casado con la viuda de Constantino X, Eudoxia Macrembolitissa
Miguel VII Ducas Parapinakios (1050-1090, emperador de 1067 a 1078) – hijo de Constantino X
No dinastico
Nicéforo III Botaniates (1001-1081, emperador de 1078 a 1081) – casado con la viuda de Miguel VII
Dinastía de los Comnenos (1081-1185)
Alejo I Comneno (1057-1118, emperador de 1081 a 1118) - sobrino de Isaac I; casado con una sobrina nieta de Constantino X. En 1115 se produce una fuerte represión de los Bogomilos búlgaros en Bizancio, en Constantinopla se encontraban tanto Bogomilos como Paulicianos.

PATRIARCAS:
1001-1019 Sergio II
1019-1025 Eustacio
1025-1043 Alejo el Estudita
1043-1058 Miguel I Cerulario, Cisma total con Roma en el 1054, el Papa León IX envía una delegación desafortunada, el choque produce enfrentamientos entre el Patriarca Ecuménico y los legados papales, termina con la mutua excomunión. También se encuentra la cuestión teológica de la Filioque, no aceptada por Constantinopla y los ortodoxos.
1059-1063 Constantino II Leicudes
1064-1075 Juan VIII Jifilino
1075-1081 Cosmas I Hierosolimites
1081-1084 Eustacio Garidas
1084-1111 Nicolás III el Gramático. En 1111 queman en Constantinopla al principal Pope Bogomilo Basilio.

SIGLO XII: ÉPOCA DE DEBILITAMIENTO DEL PODER IMPERIAL, FORMACIÓN DEL ESTADO BÚLGARO Y DIFUSIÓN DE LAS HEREJÍAS DUALISTAS EN BIZANCIO.

EMPERADORES:
Juan II Comneno (1087-1143, emperador de 1118 a 1143) – hijo de Alejo I.
Manuel I Comneno (1118-1180, emperador de 1143 a 1180) – hijo de Juan II. Perseguidor de los Bogomilos, sin embargo, se extienden por todo Bizancio, el Pope Nicetas Bogomilo de Constantinopla viaja a Occitania en 1167. El Pope Simeón cabeza de la Iglesia de Dragovitsa, es el maestro bogomilo más importante; la Iglesia de Dragovitsa sostiene un dualismo absoluto muy semejante al Paulicianismo. En época de Manuel I Comneno el Bogomilismo se extiende por Servia, el principe Estevan Néman (1168-1196) convoca un Concilio y quema y deporta a muchos Bogomilos. En Bosnia se funda la Iglesia Eslovena, y comienza la expansión por Italia y Francia. En 1167 hay en Italia (Lombardía) un grupo de “cátaros” bajo un obispo llamado Marcos relacionado con la Iglesia búlgara. En el mismo año se celebra en San Felix de Caraman un Concilio Cátaro con Marcos de Lombardía y Nicetas de Constantinopla. En 1143 proceso en Colonia contra herejes cuyas raíces son griegas, el Catarismo se extiende por Alemania e Inglaterra.
Alejo II Comneno (1169-1183, emperador de 1180 a 1183) – hijo de Manuel I
Andrónico I Comneno (1118-1185, emperador de 1183 a 1185) – nieto de Alejo I, sobrino de Juan II, primo hermano de Alejo II, casado con la viuda de Alejo II.
Dinastía de los Ángeles (1185-1204)
Isaac II Ángelo (1156-1204, emperador de 1185 a 1195) – tataranieto de Alejo I. En 1187 los búlgaros se independizan de Bizancio y se forma el Estado Búlgaro, Asen I (1187-1196), le sigue Kaloïan (1197-1207) es Zar durante la invasión de los Cruzados, con algunos nobles bizantinos hicieron prisionero a Balduino de Flandes.
Alejo III Ángelo (1153-1211, emperador de 1195 a 1203) – hermano de Isaac II

PATRIARCAS:
1111-1134 Juan IX Agapito
1134-1143 León Estipes
1143-1146 Miguel II Curcuas Ojeites
1146-1147 Cosmas II el Atico
1147-1151 Nicolás IV Muzalón
1151-1153 Teodoto II
1153-1154 Neófito
1154-1157 Constantino IV Cliareno
1157-1170 Lucas Crisoberges
1170-1178 Miguel II Anquialo
1178-1179 Cariton Eugeniotes
1179-1183 Teodosio I Boradiotes
1183-1186 Basilio II Camatero
1186-1189 Nicetas II Muntanes
1189 Dositeo de Jerusalén
1189 Leoncio Teotoquites
1189-1191 Dositeo de Jerusalén (2da vez)
1191-1198 Jorge II Jilifino
1198-1206 Juan X Camatero

SIGLO XIII: EL IMPERIO LATINO Y EL IMPERIO DE NICEA.

EMPERADORES:
Isaac II Ángelo (co-emperador de 1203 a 1204) - reinstaurado en 1203 como coemperador de Alejo IV
Alejo IV Ángelo (1182-1204, emperador de 1203 a 1204) – hijo de Isaac II
Nicolás Kanabos (emperador en 1204 por 11 días)
Alejo V Ducas Murzuflo ("el de las cejas pobladas") (1140-1204, emperador en 1204) – yerno de Alejo III
Toma de Constantinopla por los Cruzados durante la IV Cruzada:
En 1204, los cruzados toman y saquean Constantinopla, ejecutan a Alejo V (a instancias de su suegro, Alejo III) y fundan el Imperio Latino, imponiendo a Balduino IX, conde de Flandes, como emperador. La aristocracia bizantina funda: el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda y el Despotado de Épiro. La sucesión imperial legitimada por el Patriarca de Constantinopla quedará en manos de los emperadores de Nicea. Durante la Cruzada muchos herejes occidentales forman una Iglesia herética latina en Constantinopla.
Dinastía de los Láscaris (1204-1261, Imperio de Nicea)
Constantino Láscaris (emperador en 1204 en Nicea) - aparentemente coronado en Santa Sofía en el momento de la toma de Constantinopla por los cruzados, hermano de Teodoro I
Teodoro I Láscaris (1174-1222, emperador de 1204 a 1222 en Nicea) – yerno de Alejo III
Juan III Ducas Vatatzés (1192-1254, emperador de 1222 a 1254 en Nicea) – yerno de Teodoro I
Teodoro II Láscaris (1221-1258, emperador de 1254 a 1258 en Nicea) – hijo de Juan III
Juan IV Ducas Láscaris(1250-1305, emperador de 1258 a 1261 en Nicea) – hijo de Teodoro II
Dinastía de los Paleólogos (1261-1453) y de los Cantacucenos (1341-1357)
Miguel VIII Paleólogo (1224-1282, emperador de 1259 a 1282 en Nicea y desde 1261 en Constantinopla) - bisnieto de Alejo III. Recupera el Imperio Bizantino, final de la división del Imperio.
Andrónico II Paleólogo (1258-1332, emperador de 1282 a 1328; co-emperador: Miguel (IX) Paleólogo en 1294-1320) - hijo de Miguel VIII

PATRIARCAS:
1208-1214 Miguel IV Autoreiano
1214-1216 Teodoro II Eirénico
1240 Metodio II
1217-1222 Manuel I Saranteno
1222-1240 Germán II
1240 Metodio II
1244-1255 Manuel II
1255-1259 Arsenio Autoreiano
1260-1261 Nicéforo II
1261-1264 Arsenio Autoreiano (2da vez)
1265-1267 Germán III
1267-1275 José I
1275-1282 Juan XI Becco
1282-1283 José I (2da vez)
1283-1289 Gregorio II de Chipre
1289-1293 Atanasio I
1294-1303 Juan XII Cosmas

REINO DE BULGARIA
1197-1207 El Zar Kaloïan amenaza a los Balduino de Flandes.
1207-1218 El Zar Boril persigue a los Bogomilos, en 1211 Sínodo contra herejes.
1218-1241 su hijo el Zar Ivan Asen II, tolerante con los Bogomilos. El Papa Gregorio IX amenaza con una cruzada contra los búlgaros, por permitir la herejía.

SIGLO XIV

EMPERADORES:
Andrónico III Paleólogo (1296-1341, emperador de 1328 a 1341) - nieto de Andrónico II
Juan V Paleólogo (1332-1391, emperador, 1ª parte del reinado de 1341 a 1347) - hijo de Andrónico III, depuesto por Juan VI
Juan VI Cantacuzeno (1295-1383, co-emperador desde 1341, reinado de 1347 a 1354) - suegro de Juan V
Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 2ª parte del reinado de 1354 a 1376) - depuesto por Andrónico IV. 1359 los Turcos invaden Tracia y parte de Bulgaria que se encuentra sumida en supersticiones y dominada por los hesicastas bizantinos, secta que propone una unión directa del hombre con Dios, es una secta ortodoxa que reniega de las herejías dualistas.
Andrónico IV Paleólogo (1348-1385, emperador de 1376 a 1379) - hijo de Juan V
Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 3ª parte del reinado de 1379 a 1390)
Juan VII Paleólogo (1370-1408, emperador en 1390) - hijo de Andrónico IV
Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 4ª parte del reinado de 1390 a 1391)
Manuel II Paleólogo (1350-1425, emperador de 1391 a 1425) - hijo de Juan V. Bulgaria cae en poder otomano. Durante el siglo XIV las herejías dualistas se extienden por Tracia y Macedonia, y encuentran su centro en la península del Athos, penetrando así en los monasterios. El dualismo se mezcla con el Masalianismo, los Bogomilos se vuelven más místicos, abandonan la carga política y social.

PATRIARCAS:
1303-1310 Atanasio I (2da vez)
1310-1314 Nefón
1315-1319 Juan XIII Gliquis
1320-1321 Gerásimo I
1323-1334 Isaías
1334-1347 Juan XIV Calecas
1347-1350 Isidoro
1350-1353 Calisto I
1353-1354 Filoteo Coquino
1355-1363 Calisto I (2da vez)
1364-1376 Filoteo Coquino (2da vez)
1376-1379 Macario
1379-1388 Neilo
1389-1390 Antonio IV
1390-1391 Macario (2da vez)
1391-1397 Antonio IV (2da vez)
1397 Calisto II Jantópulo
1397-1410 Mateo

SIGLO XV, HASTA LA CAIDA DE BIZANCIO

EMPERADORES:
Juan VIII Paleólogo (1392-1448, emperador de 1425 a 1448) - hijo de Manuel II
Constantino XI Paleólogo (1405-1453, emperador de 1448 a 1453) - último emperador bizantino. En el año 1453 Constantinopla cae en manos de los turcos.
Titulares
Demetrio Paleólogo (1453-1460)
Tomás Paleólogo (1460-1465)
Andrés Paleólogo (1465-1502). En 1502, pasa sus derechos a los Reyes Católicos

PATRIARCAS:
1410-1416 Eutimio II
1416-1439 José II
1440-1443 Metrófanes II
1443-1451 Gregorio II Meliseno Estrategópulo
1450 Atanasio II
1453-1456 Genadio II Escolario


Saludos,

Juan Almirall

sábado, 7 de febrero de 2009

LA IGLESIA INTERIOR

Origen de la Iglesia Interior: Supuestamente, seis años tras la muerte del Salvador, el apóstol Pablo se convirtió al Cristianismo, por una visión de camino a Damasco. Hasta aquel momento, los cristianos eran una secta más entre los judíos que se encontraban en las sinagogas de la diáspora y un grupo proporcionalmente más grande, en el Templo de Jerusalén. Pablo era un judío helenizado, de la secta de los fariseos, una secta muy helenizada e influenciada por la filosofía estoica de la época. Pablo dirigió varias comunidades cristianas, que adoptaron el nombre helenizado de ekklêsía, es decir, el nombre de las asambleas de las polis griegas. Pero estas ekklêsías o asambleas de cristianos, que en tiempos de Pablo se reunían en las sinagogas o en el Templo de Jerusalén, tenían una serie de particularidades, en ellas pasaban cosas “extrañas”, practicaban el bautismo o purificación de los judíos y practicaban la cena ritual, pero no atendían a todas las normas de pureza y exigencias de la Ley mosaica. Los gentiles eran admitidos en estas asambleas, pero además, el Espíritu Santo (pneûma hagío) se manifestaba en los distintos miembros de la asamblea: “Porque a uno, mediante el Espíritu, le es dada la palabra de sabiduría (lógos sophías), a otro palabra de conocimiento conforme al mismo Espíritu (lógos gnôseos katà to autò pneûma), a otro fe en el mismo Espíritu (pístis en tô autô pneümati), y a otro dones de curación en el único Espíritu (jarísmata iamátôn en tô henì pneúmati), a otro realización de milagros (energêmata dynámeôn); a otro profecía (profêteía), a otro, discernimiento de espíritus (diakríseis pneumátôn); a otro, géneros de lenguas (gene glôssôn), a otro interpretación de lenguas (hermêneía glôssôn), pero todas estas cosas efectúa el único y mismo Espíritu, distribuyendo en particular a cada uno, conforme le place.” (I Cor. 12: 4-11). Este Espíritu Santo es el Espíritu del Cristo, que transmite a quien lo recibe algunos de los poderes que aquél tenía. Pues bien, esta extraña comunidad asamblearia de personas capaces de hacer milagros, profetas, interpretes de lenguas, gente con el don de curación, según un único Espíritu Santo, el Espíritu del Cristo, es la verdadera Iglesia fundada por Pablo en la diáspora, no en Jerusalén. Esta es la Iglesia Interior o la Iglesia del Espíritu Santo que a lo largo de los siglos se irá distanciando, primero de la Iglesia de Jerusalén, después de la Iglesia Imperial, continuadora del Imperio Romano.


Formación de los Misterios Cristianos: Tras la desaparición de Pablo y los Apóstoles el testimonio de la vida de Jesús, el Cristo (el rey), se recogió en los distintos Evangelios (de euaggélion, prefijo eu – buen y aggélion o angelion que significa mensaje, tal como ángel ággelos significa mensajero, Evangelio sería el buen mensaje), donde se narraban las cosas que había hecho el Cristo y los Apóstoles por medio del Espíritu Santo. Marcos es el primer Evangelio, luego Mateo y Lucas, y por último Juan y su misterioso Apocalipsis, un libro en la más pura tradición profética, como los grandes profetas de Israel, donde se recoge la manifestación del Cristo al final de los tiempos profanos, y la apoteosis de las Iglesias, es decir, de los discípulos del Cristo. En estos textos sobre la vida de Jesús destaca el episodio de la Transfiguración o Metamorfosis de Jesús, y la Resurrección en un cuerpo inmortal, así como la relación de los hechos maravillosos que le permitía el poder del Espíritu del Cristo. Estos serán algunos de los Misterios del Cristianismo, en el más puro estilo helenístico, donde Metamorfosis o Apoteosis (de meta-morfê trans-formar y apo-theosis divinizar, en el mundo clásico a un héroe), constituían las transformaciones y exaltaciones de la naturaleza humana, junto a la bienaventuranza (makários) que recibía el iniciado que, tras su muerte, era capaz de recordar la senda que conducía a los Campos Elíseos, a los lugares de la bienaventuranza y de la vida eterna. Los Misterios Cristianos tendrán los mismos objetivos que los Misterios Paganos, divinizar al hombre, pero la iniciación cristiana tomará de las reglas de pureza de la Ley mosaica, sus catarsis y purificaciones (esto se verá claro en los escritos de los Padres Apostólicos, como la Didaché o El Pastor de Hermas), son las condiciones necesarias para recibir el Espíritu Santo procedente del Cristo y del Dios único, el Padre. Sin embargo, el Cristianismo primitivo no será ni mucho menos homogéneo, durante los primeros siglos muchos colectivos y sectas distintas se moverán entre dos tendencias, una primera helenizante, que busca distanciarse de la Ley mosaica y se abre a los gentiles, y una segunda más judaizante, que tiene como manifestaciones más radicales el ebionitas y los elcasaitas.

El dualismo de la Iglesia Interior: El Evangelio de Juan es el Evangelio del Lógos, la Palabra y la Razón divina, que viene al mundo de las tinieblas, pero que procede de Dios y conserva su pureza. Esto llevó a algunos grupos de cristianos a afirmar el docetismo (de dóxa o apariencia) del cuerpo del Señor (Hechos de Juan 93, 1-3: “Otro hecho glorioso os contaré, hermanos: una vez cuando quise tocarlo sentí un cuerpo material y sólido. Pero otras, al palparlo, era su ser sin sustancia, incorpóreo y como inexistente. Cuando algunos de los fariseos lo convidaban y aceptaba la invitación, íbamos con él. A cada uno se le daba un pan, y también él recibía uno. Mas él lo bendecía y lo repartía entre nosotros. Cada uno de nosotros se sentía satisfecho con esa porción, y nuestros panes quedaban intactos, de tal modo que los anfitriones se admiraban. Muchas veces, caminando con él, quise ver si dejaba huellas visibles sobre el suelo, pues había visto que se elevaba sobre la tierra. ¡Y nunca vi ninguna!”). El docetismo será una solución para todos aquellos que quieren salvar la pureza y perfección del Logos, mientras que el drama del Dios hecho carne será la solución más popular con la que la que una mayoría se podrá identificar. El Gnosticismo llevará al extremo el docetismo, los pneumáticos o espirituales serán los únicos poseedores de la Gnosis y por tanto de la liberación, ellos explicarán de forma dualista las dos naturalezas hílica o carnal y pneumática o espiritual. Ello les permitió construir una mitología basada en dos realidades, que encarnan dos Dioses, un Demiurgo perverso y creador del mundo, y un Padre perfecto escondido en un más allá, denominado Plêrôma o Plenitud, rodeado de sus Eones (este esquema es similar al que se deduce de los diálogos de Platón: un Demiurgo artesano del Alma del Mundo, un Hiperurano donde se encuentran las Ideas, y por encima de todas, el Bien). El Gnosticismo será una verdadera Iglesia pneumática o del Espíritu Santo, que aparece como Gnosis.

Sin embargo, este Gnosticismo será rechazado por una ortodoxia más popular, que no acepta el docetismo ni el dualismo gnóstico, por lo que comenzará a producir una teología alegórica, para explicar el drama de Jesús Dios y Hombre, que le llevará a formulas cada vez más absurdas y difíciles de argumentar por medio de los tradicionales conceptos filosóficos, este es el origen de toda la producción teológica, que mantendrá ocupadas a las mentes más lúcidas de la ortodoxia. Y que finalmente, con la cristianización del Imperio Romano, recibirá su sanción definitiva. Durante los primeros siglos de Iglesia Imperial, presbíteros, obispos y patriarcas mantendrán interminables disputas sobre la relación entre las distintas personas (hipóstasis) de la Trinidad divina, y sobre la naturaleza del Cristo (Cristología), fundamentalmente contra las tesis de los teólogos neo-origenistas, que asumieron una cierta subordinación entre el Padre y el Hijo, sin tener ya muy claro, el papel del Espíritu Santo, en todo este lío especulativo. Por otra parte, la Iglesia oficial rechazará toda magia, oráculos, profecías, y otras manifestaciones de los dones del Espíritu, en su lucha por erradicar el paganismo y sus demonios, dejando estas cuestiones como una anécdotas históricas, y potenciando así el culto personal a la figura del Jesús histórico y sus santos.

El Maniqueísmo o la Iglesia de la Luz: Sin embargo, la Iglesia Interior tomará nuevas formas. En Persia vemos aparecer a Mani, el Apóstol de la Luz, que inspirado por el Gnosticismo y el ascetismo de distintas sectas cristianas de Asia Menor, funda, bajo la influencia y dirección de su gemelo espiritual (sýzygos), una especie de doble espiritual (como el ángel de la metanoia o el arrepentimiento), una Iglesia que tomará de la tradición religiosa persa, el conflicto entre la Luz y las Tinieblas, en un dualismo materialista, del que abominará primero la Iglesia ortodoxa, bajo la estricta crítica de Agustín de Hipona, que en su juventud había formado parte de la secta, y luego la Iglesia Imperial, transformándose en la bestia negra de la Iglesia antigua y medieval. Agustín de Hipona también utilizará por primera vez el nombre de “cátaros” o puros, para designar a un grupo de cristianos estrictos, que se negaron a admitir de nuevo en sus comunidades y rehabilitar a aquellos que habían renunciado a la fe cristiana, para evitar las persecuciones de Diocleciano, y que tras la llegada de Constantino al poder, pretendían rehabilitarse. Estas sectas puristas propias de los siglos III y IV. Estos cátaros fueron conocidos también como novacianos, por ser seguidores de Novaciano, un amigo del ascetismo extremo y de la pureza de la fe. Pero mientras estos últimos fueron aceptados por la gran Iglesia, los Maniqueos fueron perseguidos en todo el Imperio Romano, y también en el Imperio Persa, por lo que la Iglesia Maniquea emigrará hacia Oriente por las Rutas de la Seda. El Maniqueísmo compartía el ideal de pureza y de extremo ascetismo de las comunidades más consagradas, los elegidos o perfectos, que llevaban una vida errante, aunque con reglas monásticas. La misión de los maniqueos era la de formar parte de las huestes de la Luz, para colaborar en la victoria definitiva sobre las Tinieblas, el mundo de la carne, con el que se habían mezclado las diversas hipóstasis o emanaciones de la Luz, entre las que destaca el Hombre Primordial, verdadero arquetipo del Hijo de la Luz, que realiza el sacrificio de mezclarse con las Tinieblas para redimirlas. Los mitos maniqueos serán recuperados por los movimientos dualistas de la alta Edad Media.

La Iglesia del Paráclito y la Leyenda del Santo Grial: El Maniqueísmo influirá en algunas sectas dualistas que se fundaron y desarrollaron en los territorios pertenecientes al Imperio Bizantino, donde todavía reinaba el Emperador de Oriente, y en el que también existía un segundo Papa, el Patriarca de Constantinopla, cabeza de una Iglesia cada vez más desconectada de la Iglesia Occidental, pero que aún formaba parte de la gran Ecumene Católica. Este Patriarca era el último superviviente de una época en la que habían existido cinco Papas o Patriarcas, bajo el poder del Emperador, que era el verdadero sucesor del Cristo. Todo ello dentro ya de la Iglesia Imperial, la Iglesia del poder. Pues bien, en los, cada vez más, reducidos dominios del Emperador bizantino, la Iglesia Oriental sufrió toda la disputa iconoclasta y otras discusiones con un trasfondo teológico. En dicha disputa participó, del lado de los iconoclastas, una secta dualista, llamada de los Paulicianos, de marcada influencia maniquea. Los Paulicianos se extendieron por la Europa Oriental, y se hicieron muy fuertes, hasta el punto de amenazar al Emperador, que en el siglo IX fueron perseguidos y paulatinamente exterminados. Sin embargo, en Bulgaria surgió un nuevo movimiento dualista, los Bogomilos, continuador de los Paulicianos, que llegó a tener una gran organización en la administración de sus Iglesias. Estos Bogomilos al igual que los Maniqueos, eran personas muy ascéticas, que buscaban una perfección y pureza muy grande, a fin de poder recibir el Espíritu Santo.

En Occidente, también encontramos grupos de cristianos partidarios de la pureza y la pobreza, como preparación para recibir al Espíritu, destaca la comunidad fundada en España por Prisciliano de Ávila, que fue acusado de Gnóstico y Maniqueo. Pero también, a los albores del siglo IX aparecen en las tierras occitano-catalanas, grupos de cristianos que aspiran a una perfección, de una forma similar a los puros y perfectos de las Iglesias de Oriente. Recibieron el nombre genérico de Albiguenses. Pero de entre ellos destacó una comunidad cristiana, en torno a unos hombres llamados bons homes o perfectos, que llegó a estar organizada como grupo de Iglesias, tal como nos muestra el acta del Sínodo de San Félix de Caraman, donde la Iglesia de los Cátaros, se organiza en obispados, y los obispos y fieles reciben el Consolamentum del Patriarca Bogomilo Nicetas, la transmisión del Espíritu Santo. Los Cátaros llamaban a su comunidad la Iglesia del Paráclito, la verdadera Iglesia Interior, de los Santos y Perfectos, en el Espíritu del Cristo. El Catarismo se extendió por toda Europa durante la baja Edad Media, hasta el inicio de su persecución.

Junto con el movimiento Cátaro, asistimos en Europa Occidental a la formación de los Mitos y Leyendas del Cristianismo. Chretien de Troyes, un trovador de la corte de Champaña, traductor y conocedor de los mitos clásicos, en particular de las Metamorfosis de Ovidio, compone relatos de caballeros cristianos, e incorpora la historia de Percival y el Santo Grial. Pronto la Comunidad del Santo Grial se convertirá en uno de los mitos y leyendas más importantes del Cristianismo Medieval, y la Comunidad del Castillo del Santo Grial, el referente espiritual para distintas Ordenes de Caballeros, como los Templarios y sus órdenes derivadas, como los Fideli d’Amore o la Fede Santa, entre los que encontramos a otro gran trovador medieval: Dante Alighieri, un hombre comprometido con la causa de los Hohenstaufen o gibelinos, partidarios de restaurar la Monarquía del Sacro Imperio, y terminar con el creciente poder del Papado Romano, y sus pretensiones de ser la cabeza de la Iglesia Universal.


Saludos,

Juan Almirall

viernes, 6 de febrero de 2009

ANTECEDENTES DEL CATARISMO: PAULICIANOS Y BOGOMILOS

Dos fueron las herejías dualistas antecedentes del Cátarismo: los paulicianos y los bogomilos, dos Iglesias heréticas, fundadas en los territorios del Imperio Oriental de Bizancio, bien organizadas, que ayudaron y consagraron las Iglesias Cátaras de Occitania, como prueban las actas del Concilio Cátaro de San Félix de Caraman, celebrado bajo la dirección del Patriarca Bogomilo Nicetas.


Los Paulicianos era una herejía con fuertes influencias maniqueas, cuyos orígenes son poco claros, habrían sido fundados en el siglo VI o VII, en Armenia, pero pronto se extendieron hacia las Balcanes. Lo cierto es que en el siglo IX formaban una comunidad muy organizada en Bizancio, y fueron perseguidos por la emperatriz Teodora II, de donde huyeron a Bulgaria. Los paulicianos formaron tropas que durante la monarquía de los emperadores iconoclastas sirvieron a Bizancio, pero que tras la declaración de heterodoxos y su huída a Bulgaria, constituyeron una importante amenaza para el Imperio. A finales del siglo IX fueron derrotados y ya en el siglo XII el emperador Alexio I emprendió su conversión al catolicismo por la fuerza, lo que terminó por hacer desaparecer el paulicianismo. Los paulicianos fueron principalmente iconoclastas, no aceptaban el culto a las imágenes pues negaban radicalmente la bondad de la carne y el mundo, el cual lo consideraban creado por Satán, un demiurgo malvado. En el campo de su cristología consideraban que la encarnación era sólo aparente, y que el Logos no pudo haber entrado en un cuerpo de carne, de manera que el cuerpo de Cristo era sólo aparente, por ello los paulicianos eran docetistas. Lo que les hacía negar el dogma de María theotokos, negando todo culto mariano. Igualmente negaban los sacramentos del bautismo y la eucaristía, al ser actos demasiado ligados a la forma carnal, que rechazaban plenamente. Y, al igual que los marconitas, los paulicianos consideraban el Antiguo Testamento obra de Satanás. Se trataba por tanto, de un grupo de orientación ascética, con fuertes influencias maniqueas, de tendencia hacia una espiritualidad helenística radical, que se distancia del judaísmo. Su influencia en la zona balcánica y en Bulgaria fue grande, por lo que algunos de los planteamientos básicos del paulicianismo lo encontraremos después, en otra herejía posterior, originaria de la zona: el movimiento bogomilo.

La así llamada Iglesia Griega, centro del bogomilismo que tiene su origen en Bulgaria, pero que se extendió por Bizancio y sobre todo, la actual Bosnia, recoge algunas de las creencias paulicianas, según H.C. Puech: “ el dualismo general; la atribución al Dios Bueno, al Padre invisible, de las cosas espirituales e inteligibles, a Satán de las realidades materiales, corporales y visibles, entre ellas el firmamento; la concepción de la Trinidad como una persona única con tres caras o tres rostros y del Cristo como criatura, como ángel o emanación desligada de la Mónada divina en un momento determinado, con vistas a la salvación del ser humano y reintegrándose a ella enseguida; la oposición al Creador del Génesis equiparado al Diablo; el desprecio de Moises y de la Ley; el descrédito, más o menos general, de Juan Bautista y de la Virgen María, las cristología docetista y el rechazo, o la interpretación puramente simbólica, de los milagros de Jesús; la crítica de la Iglesia ortodoxa o romana y de su clero, el desprecio o el uso sacrílego de sus sacramentos, la condena del culto a la Virgen, a los Santos, a las reliquias, a las imágenes y a la Cruz; la reprobación del casamiento y la procreación, de la alimentación animal y todo cuanto proviene del coito (huevos, leche, queso, así como carne); la creencia en el carácter diabólico de la concepción; el ascetismo llevado a un grado extremo; la pretensión de ser, en contraste con la Iglesia del Demonio, “buenos cristianos” (khristianoï kaloï, boni christiani), verdaderos discípulos del puro ideal evangélico y ofreciendo la apariencia de monjes humildes, condescendientes…"

Saludos,

Juan Almirall


ACTA DE NACIMIENTO DE LOS OBISPADOS CÁTAROS, CARTA DE NICETAS, SAINT-FELIX-DE-CARAMAN, 1167

Se trata de una carta escrita en el siglo XII sobre pergamino en latín. Nicetas es un dignatario bogomilo llegado de Constantinopla y que preside una asamblea de unos cientos de Perfectos en Saint-Felix-de-Caraman, en el año 1167. En el transcurso de la reunión son fundados cuatro obispados, el de Agen, el de Toulouse, el de Albi y el de Carcassonne. Un quinto obispado aparecerá más tarde en 1226 en Pieusse, cerca de Limoux. La carta de Nicetas describe el acto de fundación del Catarismo occitano, organizado como una Iglesia paralela a la Romana.
Esta carta fue publicada por primera vez en el año 1660, en una historia de los Duques de Narbonne de Guillaume Besse, un historiador poco conocido. Les ofrecemos una traducción al castellano de la referida carta:

"En el año 1167 de la Encarnación del Señor, en el mes de mayo, en estos días la Iglesia de Toulouse trajo al Papa (o Padre) Nicetas al Castillo de Saint-Felix, y una gran multitud de hombres y mujeres de la Iglesia de Toulouse y de otras Iglesias vecinas, se reunieron para recibir el Consolamentum que Monseigneur el Papa Nicetas les confirió.
Después Robert de Epernon, obispo de la Iglesia de los franceses llegó con su consejo. Marc de Lombardie llegó con su consejo. Sicard Cellerier obispo de la Iglesia de Albi llegó con su consejo. Bernard Cathala llegó con el consejo de la Iglesia de Carcassonne, y el consejo de la Iglesia de Agen también estuvo presente.
Todos reunidos de manera innumerable, los hombres de la Iglesia de Toulouse quisieron tener un obispo, y eligieron a Bernard Raimond. Igualmente Bernard Cathala y el consejo de la Iglesia de Carcassonne, requerido e invitado por la Iglesia de Toulouse, y del parecer, voluntad y la decisión de Monseigneur Sicard Cellerier, eligieron a Guiraud Mercier. Los hombres de Agenais eligieron a Raimond de Casals.
Después Robert de Epernon recibió el Consolamentum y la ordenación del obispo Monseigneur el Papa Nicetas para ser obispo de los franceses.
De la misma manera que Sicard Cellerier recibió el Consolamentum y la ordenación episcopal para ser obispo de Albi. E igualmente, Marc recibió el Consolamentum y la ordenación episcopal para ser obispo de la Iglesia de Lombardie.
Igualmente Bernard Raimond recibió el Consolamentum y la ordenación episcopal pare ser obispo de la Iglesia de Toulouse.
También Guiraud Mercier recibió el Consolamentum y la ordenación episcopal pare ser obispo de la Iglesia de Carcassonne.
Y también Raimon de Casals recibió el Consolamentum y la ordenación episcopal para ser obispo de Agen.
Tras lo cual el Papa Nicetas dijo a la Iglesia de Toulouse : "Vosotros me habéis pedido que os explique si las costumbres de las Iglesias primitivas eren ligeras o rigurosas. Yo os diré que las siete Iglesias de Asia fueron separadas y delimitadas entre ellas, y ninguna de ellas hizo nada que fuera en contra de los derechos de las otras. Y las Iglesias de Rumania, de Dragovitie, de Mélenguie, de Bulgaria et de Dalmacia fueron separadas y delimitadas, y ninguna hizo nada que fuera en contra de los derechos de las otras. Y así tienen paz entre ellas: hechas iguales unas de otras ".
La Iglesia de Toulouse escogió a Bernard Raimond, Guillaume Garsias, Ermengaud de Forest, Raimond de Baimiac, Guilabert de Bonvilar, Bernard Guilhem Contor, Bernard Guilhem Bonneville y Bertrand d’Avignonet para que fueran árbitros del pour qu’ils soient arbitres de las fronteras. La Iglesia de Carcassonne escogió a Guiraud Mercier, Bernard Cathala, Grégoire, Pierre Caldemas, Raimond Pons, Bertrand de Mouly, Martin de la Salle et Raimond Guibert para que fueran árbitros de las fronteras.
Estando reunidos y habiendo deliberado, dijeron que la Iglesia de Toulouse y la Iglesia de Carcassonne serían divididas según los obispados:
El territorio que se extiende del lado de Toulouse hasta el límite entre los obispados de Toulouse y el arzobispado de Narbonne en dos partes y el límite entre el obispado de Toulouse y el obispado de Carcassonne : a partir de Saint Pons, la montaña entre el castillo de Cabaret y el de Haut-poul, la separaci´n entre los castillos de Sais-sac y de Verdun, entre Montréal y Fanjeaux y el límite entre los otros obispados de la salida del Razès hasta Lérida: que este territorio esté bajo la potestad y la administración de la Iglesia de Toulouse.
Y que la Iglesia de Carcassonne así delimitada y dividada tenga bajo su potestad y su administración todo el obispado de Carcassonne y el arzobispado de Narbonne y el resto del territorio así delimitado e indicado desde el mar hasta Lérida.
Que estas Iglesias sean delimitadas tal como ha sido dicho, a fin de que tengan paz y concordia entre ellas y que ninguna haga nada contra los derechos de la otra. Siendo testigos y garantes de ello Bernard Raimond, Guillaume Garcias, Ermengaud de Forest, Raimond de Baimiac, Guilabert de Bonvilar, Bernard Guilhem Contor, Bernard Guilhem Bonneville y Bertrand d’Avignonet.
De la Iglesia de Carcassonne Guiraud Mercier, Bernard Cathala, Grégoire, Pierre Caldemas, Raimond Pons, Bertrand de Mouly, Martin de la Salle y Raimond Guibert.
Ordenado esto, y pidieron a Ermengaud de Forest que redactar e hicera el acta de la Iglesia de Toulouse e igualmente orenaron y pidieron a Pierre Bernard que redactara e hiciera el acta de la Iglesia de Carcassonne. Y así fue hecho y ejecutado.Monseigneur Pierre Isarn mandó hacer esta copia de una vieja carta, hecha a partir de aquella que delimitaba las Iglesias como ha sido escrito más arriba, el lunes de agosto, décimo cuarto día después del comienzo del mes, año 1232 de la Encarnación del Señor, Pierre Poullain ha transcrito todo esto por su demanda y su orden
".