lunes, 29 de abril de 2013

LA DIALÉCTICA, por Juan Almirall


La dialéctica es el método filosófico por excelencia. Consiste en observar el flujo de los fenómenos, aparentemente contrapuestos, para poder intuir aquello que no se manifiesta, pero que está detrás de este flujo de fenómenos contrapuestos. Platón la consideró la  ciencia de las ciencias, por encima de las matemáticas, la dialéctica platónica permitía sondear las ideas arquetípicas, para ello lo que contraponía eran términos o conceptos. La práctica de la dialéctica platónica surgía del diálogo entre dos filósofos, que iban contraponiendo conceptos, con la intención de que, a través de las distintas hipótesis posibles, se produjera una especie de iluminación - tal como testimonia Platón en su carta VII. Así en el diálogo Parménides, Platón nos muestra al maestro de Elea ejercitándose en la dialéctica. Parménides sondea la proposición "si el uno es", que contiene dos términos: "uno" y "ser", lo que está proponiendo es si el "uno" es "ser". Si el ser se descompone en partes, habrá un "todo" y unas "partes", pues veamos que sucede si el uno tiene partes o es un todo, si tiene partes será una multiplicidad o no, si es una multiplicidad será número o no, o tendrá figura o no la tendra, etc. Así va examinando las consecuencias de la afirmación "el uno es", pero también tiene que analizar "si el uno no es", procediendo de la misma manera. En definitiva, la dialéctica consistía en una "división" - diairética - de un concepto, pero de la que se esperaba que produjera una "iluminación". Platón se niega a escribir nada sobre las verdades últimas que va descubriendo por este método, de manera que a nosotros solo nos ha llegado la "cáscara" del método, el método vacío de iluminación. 
Sin embargo, tras la muerte de Platón, sus herederos, Espeusipo y Jenócrates, continuaron utilizando la dialéctica como método científico y escribiendo sobre los resultados de la misma, como si de una ciencia empírica se tratase. Lo que motivo la crítica de Aristóteles que denunció la incapacidad de la dialéctica como ciencia de lo real. Para Aristóteles solo una demostración que contara con tres términos podía ser verdaderamente demostrativa y ganarse la consideración de "método científico". Estableció que el silogismos apodíctico era el único capaz de ser considerado científico. Para Aristóteles las formas o ideas no son entes abstractos sino la esencia de las cosas reales, por lo que no tiene ninguna necesidad de buscarlos fuera de la contemplación de la naturaleza. Sin embargo, los filósofos platónicos y neoplatónicos volvieron a utilizar la dialéctica pero, fundamentalmente, en la investigación teológica de Dios y sus atributos divinos. Así la dialéctica pasa a la Edad Media como una ciencia destinada a explorar la esencia divina. Siempre la dialéctica ha estado relacionada con lo trascendente, pues solo la demostración es útil para hacer ciencia empírica, tal como afirmaba Aristóteles.
En el pensamiento moderno es Hegel quien recupera el viejo arte de la exploración de las esencias trascendentes, en su fenomenología del espíritu, nos muestra el juego de los dos términos opuestos: tesis-antítesis, que hacen surgir un nuevo término, la síntesis de ambos. La tradición hegeliana recuperó la dialéctica y la aplicó a diferentes ámbitos, así Marx utiliza la dialéctica para deducir los derroteros del movimiento social, que tenía que devenir en un socialismo dialéctico. 
En Oriente también las escuelas budistas utilizaron una especie de dialéctica para intentar sondear la vía media, los monjes budistas dialécticos confrontaban argumentos opuestos sobre una cuestión que no tenía una respuesta racional, partiendo de la incapacidad del intelecto para sondear la vacuidad y la vía media, hasta que, por el juego racional de las oposiciones llegaban a intuir - iluminar - la vía media, subyacente a la cuestión sin solución racional. Por ejemplo, dos filósofos debatían sobre el cómo es posible que un espacio infinito contenga otro finito, pregunta que no tiene una respuesta posible, si no es especulativa, sin embargo, a partir de la argumentación y la confrontación de argumentos, se desvelaba la enseñanza secreta, como intuida, que se oculta tras la limitación de la mente humana.
La psicología analítica también presenta hoy una cierta dialéctica sobre el contenido imposible de los sueños. El analista entabla un diálogo sobre los sueños con el paciente, que poco a poco va obteniendo intuitivamente la comprensión oculta, el sentido del sueño. Se trata desde luego de una búsqueda de sentidos, pero intuidos, no lógicos, pese a que utiliza el diálogo lógico como base, el analista va comentando su interpretación, pero el paciente no se mantiene pasivo ni considera la interpretación del analista como la verdad sobre su sueño, sino que del diálogo sobre aquello trans-lógico llega en un momento dado al sentido, como una iluminación. En el fondo, sigue siendo una forma de sondear arquetipos, ya no intelectuales, sino subconscientes, pero la dialéctica sigue siendo útil cuando hay algo más allá de la lógica racional cuyo sentido hay que desvelar. Y siempre el sentido llega como una iluminación...

domingo, 27 de enero de 2013

LAS EDADES DEL ALMA, por Juan Almirall



Joaquín de Fiore fue un monje de la orden cisterciense, que vivió en el siglo XII. Es un siglo de grandes innovaciones en toda Europa, que se ha llamado el Renacimiento Medieval. Uno de los hechos más destacables de esta época es el nacimiento de las Universidades catedralicias, para la educación de los monjes en Teología, Derecho y Filosofía Natural (la obra de Aristóteles y su principal comentarista, Averroes). En esta época Joaquín de Fiore un monje poco ilustrado tiene una revelación en Palestina, que le dotará del don de profecía. Y su profecía más importante versa sobre las tres Edades de la Historia del Mundo:

1ª Edad del Padre, es la edad del Antiguo Testamento, donde Dios se revela a sí mismo directamente a los profetas, y les explica sus mandatos, es una época dominada por el temor de Dios y el castigo eterno.

2ª Edad del Hijo, es la edad del Nuevo Testamento, la época de la fe en el Hijo que revela al Padre, como un Dios de Amor, y que expresa la idea más transformadora de la Historia: "La verdad os hará libres". La verdad rápidamente se asoció a la ciencia, al conocimiento, lo que provocó la revolución del siglo XII, donde la Filosofía Natural de Aristóteles chocó frontalmente con la Teología, sobretodo, inspirada en el Antiguo Testamento. Aristóteles mantenía la eternidad del Mundo, mientras que el Génesis hablaba de Creación, unos siglos más tarde Copérnico lanzará la teoría heliocentrista que revolucionará la ciencia y transformará la visión del Mundo.

3ª Edad del Espíritu Santo, esta será la nueva revelación de Joaquín de Fiore, que advirtió cambios importantes en la manera de ver el mundo. En el siglo XII las Universidades catedralicias eran eminentemente monásticas, la vida del monje era el paradigma para esta nueva etapa de la Humanidad. La ciencia, la Sabiduría se revelaba a sí misma a aquel que estudiaba el Texto Sagrado, Teología, pero que también estudiaba la obra de Aristóteles y de los Filosofos, ya que así conocía a Dios a través del Mundo, su Creación. Dios había creado el mundo gracias a su potestad creadora y lo regulaba gracias a la potestad gobernadora, de manera que en el Mundo debían encontrarse las claves de la Sabiduría Divina, en las "signatura rerum", las huellas del creador en las cosas. En esta época se mantiene la discusión sobre los "universales", es decir, los arquetipos "inteligibles" de todas las cosas, una reminiscencia de las Ideas de Platón. Pues estos Universales se encontraban en la Mente Divina como arquetipos de la Creación.

Estos Universales que se encontraban en la Mente Divina eran revelados al teólogo-filósofo a través de la conexión con la mente angélica. Nueve Jerarquías de Ángeles, según la clasificación de Dionisio Areopagita, separaban al ser humano de la Mente Divina, los Serafines, Querubines y Tronos, el rango de los Inflamados estaban en contacto directo con Dios, y de Él recibían su Sabiduría que la transmitían a los rangos inferiores, primero a las Dominaciones, Virtudes y Potestades, y éstos, lo hacían a su vez a los Principados, Arcángeles y Ángeles. El ser humano que quería conocer la Verdad Divina tenía que poner su intelecto en disposición de conocer, para permitir a los Ángeles revelar dicho conocimiento, y transmitir los Universales, tal como los habían conocido a través de la Jerarquía.

Pero este sistema tradicional de conocimiento entra en crisis en el siglo XIII, raíz de la disputa sobre los Universales. En primer lugar, Tomás de Aquino afirmará que no hay dos o tres intelectos, como pensaban los antiguos, sino solamente uno, escribe una obra sobre la unidad del intelecto en la que explica que el conocimiento se produce en la propia mente. Poco tiempo después el filósofo franciscano Guillermo de Ockham mantendrá que no existen los universales, sino que son meros nombres o conceptos mentales. En el siglo XIII se produce un hecho sorprendente: ¡el intelecto se interioriza!

Veamos ahora las tres épocas joaquinistas desde otro punto de vista:

1ª la Edad del Padre, es la época del pensamiento mítico, donde los dioses se encuentran fuera, como espíritus superiores, influyen desde afuera al alma humana. Estos dioses míticos son pasiones y facultades anímicas externalizadas, por ejemplo, el amor sensual: Afrodita, la ira: Ares, la inteligencia: Atenea, la habilidad: Hermes, la sensibilidad artística: Apolo y sus Musas, el remordimiento por el parricidio: las Erinias, etc. Y entre los judíos, el guía único, patrón y protector del pueblo de Israel: Yavhé-Jehová.

2ª Edad del Hijo: las pasiones se interiorizan, el alma humana se hace responsable de sus facultades y pasiones anímicas, nace el sentimiento de pecado, y se establece un único Dios: el Intelecto. El Dios de los teólogos griegos y medievales tiene todos los atributos del Intelecto, y es más, es considerado como tal, Dios padre es el Noûs, dice Filón de Alejandría y Orígenes, el padre de la teología cristiana, y el Lógos, la Palabra es su Hijo. Desaparecen los dioses anímicos y se entroniza al Dios intelecto y a su Hijo, la Palabra, que se escucha a través de los Ángeles, mensajeros de la divinidad.

3ª Edad del Espíritu Santo: ésta es la época advertida por Joaquín de Fiore, una nueva época que comienza a tomar forma en el siglo XIII, a partir de la tesis tomista de la unidad del intelecto y el nominalismo de Ockham. En el siglo XVI, se publicará la obra póstuma de Nicolas Copérnico "De revolutionibus orbium coelestium", que traslada el Sol al centro del sistema, desbarata la tesis de las Jerarquías y Órdenes de la Mente Angélica, y pone a la Tierra en movimiento, Giordano Bruno predicará la infinitud del Universo y Spinoza que terminará divinizando a la materia: "Deus sive Natura". El alma humana será también responsable de su propia vida mental, que le conducirá hacia el desarrollo como individuo y la idea de conciencia de sí.

miércoles, 23 de enero de 2013

La Orden del Templo de la Rosacruz, por Phileas del Montesexto

Phileas del Montesexto es autor del libro "El Peregrino Rosacruz". Donde explica la historia de la Orden del Templo de la Rosacruz, una orden rosicruciana creada en el seno de la Sociedad Teosófica. Transcribimos unas conversaciones mantenidas con el autor sobre el tema e incluímos algunas fotografías sobre la OTRC:

Mientras que en América Max Heindel fundaba la Fraternidad Rosacruz, en Londres nacía la “Orden del Templo de la Rosacruz” (1912), una iniciativa teosófica propiciada por la arquitecta norteamericana Mary Russak, apoyada inicialmente por Annie Besant (presidenta de la Sociedad Teosófica) y James Wedgwood (obispo de la Iglesia Católica Liberal), todos ellos miembros de la Orden co-masónica.
Bajo el lema de “Lux Veritatis”, la OTRC organizó una estructura iniciática con tres grados de progresión, similares a los de la Masonería: Neófito, Peregrino y Maestro, aunque pocos años después de su fundación Russak propició la aceptación del sistema de nueve grados concebido por la Rosacruz de Oro y adoptado por la Golden Dawn inglesa: Zelator, Theoricus, Practicus, Philosophus, Adeptus Minor, Adeptus Major, Adeptus Exemptis, Magister Templi y Magus. 

La organización estudiaba y practicaba la magia ceremonial, seguramente por influencia de la Golden Dawn, y estaba dedicada a la investigación “de los Misterios, Rosacrucismo, Cábala, Astrología, Masonería, Simbolismo, Ceremonial Cristiano, Tradiciones Místicas y Ocultas del Occidente”, confiando en que tal obra “sirva de preliminar para la restauración de los Misterios desaparecidos de Europa con la decadencia de Roma”. (23)
En la revista “Sophia” de junio de 1912 se informaba que “el Consejo de la Orden se halla compuesto por 12 Hermanos profundamente interesados en todo lo que se refiere al Ocultismo Ceremonial y Misterios Arcaicos, y que esperan formar un instrumento útil, bajo la inspiración del Maestro Rákóczi, para resucitar los Antiguos Misterios y preparar la llegada del Maestro del Mundo”. (24)
Aunque su vida fue bastante efímera (de 1912 a 1918), la OTRC tuvo una buena acogida en los círculos teosóficos y co-masónicos. Además del Templo Supremo de Londres, se fundaron grandes templos en la India (Adyar), en Escocia (Edimburgo), en Estados Unidos (Krotona) y en Holanda (La Haya), con núcleos establecidos también en Francia, Bélgica y Noruega. 
Los rituales de la OTRC fueron escritos por Marie Russak y Annie Besant, las cuales decían inspirarse en ciertas indicaciones brindadas metafísicamente por el Conde de Saint Germain. Una de las características de este ritual era el encendido de velas por cada uno de los Instructores Mundiales: Vyasa, Hermes (Thoth), Zoroastro, Orfeo, Buddha, Krishna y Cristo.

El caos ocasionado en Europa por la Primera Guerra Mundial interrumpió el trabajo de la Orden y éste ya no pudo ser restituido, más que nada por la férrea oposición de Charles Leadbeater a esta iniciativa (25). Antes de la disolución, Annie Besant prometió a Marie Russak que “la actividad rosacruz de la OTRC volverá a florecer cuando los tiempos sean propicios”, aunque estos nunca llegaron, pues en los años siguientes la Sociedad Teosófica se concentró de lleno en proclamar a Krishnamurti como el nuevo mesías y en potenciar otras organizaciones auxiliares como la Iglesia Católica Liberal, la Co-masonería y la Orden de la Estrella, así como la implementación de un ritual más “abierto” a todos, creado por Jinarajadasa y conocido como el “Ritual de la Estrella Mística”.
Desilusionada del poco apoyo obtenido en el seno de la Sociedad Teosófica, Russak contactó en California con Harvey Spencer Lewis, que en esos días estaba estableciendo los cimientos de la Antigua y Mística Orden Rosae Crucis (AMORC) y juntó fuerzas con él para la elaboración de los rituales y las prácticas internas de esta nueva organización. Las fotografías que se conservan del templo de la OTRC nos muestran una decoración egipcia (la cual era bastante novedoso en los ámbitos ritualísticos rosacruces), donde aparecen elementos relacionados con la Orden de la Estrella y retratos de los Mahatmas (particularmente Rákóczi y Maitreya).
Aunque la Orden AMORC oficialmente nunca admitió una participación activa de Russak, sí podemos encontrar muchas coincidencias y varias referencias positivas sobre ella en las publicaciones de la Orden: “Marie Russak (…) está interesada en la verdadera Orden [y es una persona] justa, honesta y veraz”. (26) Por otro lado, las múltiples referencias que hace la Orden AMORC sobre Kout-Houmi, (un Mahatma de la tradición transhimaláyica) como “hierofante de la Rosacruz” no parecen concordar demasiado con el origen europeo de la organización asegurado por su fundador Harvey Spencer Lewis, por lo cual podríamos suponer que la fuente de esta conexión haya sido la propia Marie Russak, la cual había estado en contacto previamente con el Maestro K.H.
La primera guerra y la influencia nefasta de Leadbeater (que quería manejar todo lo ritual dentro de la ST) llevó a la OTRC a su disolución, hacia 1918. Incluso existió otro ritual rosicruciano en la línea de la ST, en el que participó el hijo de Besant, pero de eso sí que no hay información. Por cierto, la agrupación fundada tras la disolución de la OTRC se llamó "Corona Fellowship of Rosicrucians".


Fotografías de un Templo de la OTRC y del llamado Ritual de Crotona, procedentes del Archivo de Salamanca:




martes, 17 de julio de 2012

Pseudo Dionisio Areopagita, Teología Mística


La Teología Mística de Dionisio Areopagita, es una obrita escrita en el siglo V, que fue la fuente e inspiración de la práctica totalidad de los místicos cristianos de todas las épocas. Aquí Dionisio habla de la Teosofía cristiana, inspirada en la Teología Platónica del maestro neoplatónico de Atenas, Proclo de Licia.

I. 1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la teosofía cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los ojos.
Ésta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.
2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística razón pueden conocer a aquel que "puso su tienda en las tinieblas". Y si esos no alcanzan a comprender la iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de quienes son verdaderos profanos, de aquellos que describen la Causa suprema de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza y proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos se fabrican? En realidad, debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos. Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por sí misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a todas las cosas, anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación o negación.
3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo tiempo abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y copioso, es también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser. Verdaderamente se manifiesta sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras, a quienes sobrepasan las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas, voces y palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas donde, como dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser. No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purifícarse primero y luego apartarse de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las trompetas de múltiples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla no al Invisible, sino el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las cosas más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciado a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.
II. ¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad! ¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento! Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza. Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a través de las cosas que lo envuelven. Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las cosas.
III. En mis "Representaciones teológicas" dejé ya claro cuáles sean las nociones más propias de la teología afirmativa (catafática); en qué sentido el Bien de naturaleza divina es Uno y Trino; cómo se entiende Paternidad y Filiación; qué significa la denominación divina del Espíritu; cómo estas cordiales luces de bondad han brotado del Bien inmaterial e indivisible y cómo al difundirse han permanecido en él todas unas en otras desde su coeterno fundamento. He hablado de Jesús, que siendo supraesencial se revistió sustancialmente de verdadera naturaleza humana. En las "Representaciones teológicas" alabé también otros misterios conforme a las Santas Escrituras.
En el "Tratado sobre los Nombres de Dios" he explicado en qué sentido decimos que Dios es el Bien, Ser, Vida, Sabiduría, Poder y todo cuanto pueda convenir a la naturaleza espiritual de Dios. En la "Teología simbólica" he tratado de las analogías que puedan tener con Dios los seres que nosotros observamos. He hablado de las cosas sensibles con relación a Él, de formas y figuras, de ministros, lugares sagrados y ornamentos; de lo que significan el enojo, las penas y los resentimientos; del sentido que en Él tienen las palabras de embriaguez y entusiasmo, juramentos, maldiciones, sueños y vigilias. Y de otras imágenes con las que simbólicamente nos representamos a Dios. Supongo habrás notado cómo los últimos libros son más extensos que los primeros, pues no era conveniente que las "Representaciones teológicas" y el "Tratado sobre los Nombres de Dios" fuesen tan amplios como la "Teología simbólica". El hecho es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin pensar en nada.
En aquellos escritos, el discurso procedía desde lo más alto a lo más bajo. Por aquel sendero descendente aumentaba el caudal de las ideas, que se multiplicaban a cada paso. Mas ahora que escalamos desde el suelo más bajo hasta la cumbre, cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. Al coronar la cima reina un completo silencio. Estamos unidos por completo al Inefable.
Te extrañas, quizá, de que partiendo de lo más alto por vía de afirmación comencemos ahora desde lo más bajo por vía de negación. La razón es ésta: cuando afirmamos algo de aquel a quien ninguna afirmación alcanza, necesitamos que se basen nuestros asertos en lo que esté próximo de Él. Mas ahora al hablar por vía de negación de aquel que trasciende toda negación se comienza por negarle las cualidades que le sean más lejanas. ¿No es cierto que es más conforme a la realidad afirmar que Dios es vida y bien que no aire o piedra? ¿No es verdad que Dios está más distante de ser embriaguez y enojo que de ser nombrado y entendido? Y en tal sentido es distinto decir que Dios no es "embriaguez ni enojo" a decir que Dios no es "palabra o pensamiento" nuestros. Pero fundamentalmente coinciden en el "no" con respecto a Dios. Por lo cual, éste es el camino más directo y sencillo y seguro para llegar a Dios o a la cima, camino de proficientes o perfectos, la Teología mística.
IV. Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.
V. En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia. No es palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni entenderla. No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. No tiene potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad ni tiempo. No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni verdad. No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad, ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las cosas que son ni de las que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella. Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.

sábado, 16 de junio de 2012

LAS ESFERAS CELESTIALES EN LA VISIÓN MEDIEVAL DEL UNIVERSO, por Juan Almirall


Hay que pensar que la Teología Cristiana y su Cosmología fueron desarrolladas durante la Edad Media, donde dominaba una visión geocentrista del Universo. La Tierra se encontraba en el centro del Universo, y en su interior se encontraban los Infiernos, con todos sus distintos pozos y círculos. Al Infierno se accedía por la puerta que se encontraba debajo del Monte Calvario, de la Colina del Gólgota de Jerusalén, donde fue crucificado el Cristo, el Rey del Universo. Por ello, Jerusalén se encontraba en el mismo centro de la Tierra. Si trazamos una línea imaginaria, desde el eje de la esfera del Cielo, esta línea, el Axis Mundi, atraviesa el Monte Golgota, es decir, donde hoy se encuentra la Iglesia del Santo Sepulcro. Y según los teólogos medievales, en sus antípodas se encontraba la Montaña del Purgatorio. Otra colina que asciende hasta los Cielos, con siete niveles. Jerusalén también se encuentra a bastante altura por encima del nivel del mar, lo que la convierte en una ciudad sobre varias colinas, al igual que Roma y otras muchas ciudadelas antiguas. 


El Axis Mundi, eje del Universo, era por donde las Sagradas Escrituras explican que descendían los Ángeles y las cosas que vienen de los Cielos, como la Ciudad Santa que desciende de los Cielos, la Jerusalén Celeste, que es la Iglesia de Dios, una imagen espiritualizada de la ciudad santa de los judíos. Igualmente, con su Rey en el centro de la ciudad, el Cristo el Hijo de Dios, el héroe solar, símbolo del Sol y la Madre Celestial. Son dos símbolos muy antiguos del héroe y de la madre, (Símbolos de transformación, C.G. Jung). La Escalera de Jacob, por donde descienden los ángeles, mensajeros de Dios, es el símbolo es el mismo Axis Mundi. Un falo, elemento relacionado con el Sol, con el héroe Solar. Las ciudades son concebidas como mujeres y madres: la Jerusalén Celeste ataviada como una novia, del Cordero, el Rey Solar (o Babilonia, la ramera, poseída por muchos reyes distintos). La ciudad virgen es la ciudad invicta, que nadie ha podido violar, porque es el mismo Dios, el Rey Solar, quien la defiende y la ilumina.

En las antípodas de la Jerusalén terrestre se encontraba el Monte Purgatorio, montaña que tocaba los cielos y en cuya cumbre se encontraba el Paraíso Terrenal. Desde allí, las almas podían saltar desde la zona más baja del Universo, el Trópico de Capricornio. La constelación de Capricornio es la más baja de todo el Zodíaco, y en el Solsticio de Invierno el Cielo toca la Tierra, en la noche más larga, donde se enciende una luz, una luz que en seis meses alcanzará su cenit, la Constelación de Cáncer, la más alta. Las almas comenzaban su recorrido por los Cielos, y el primer Cielo que se encontraban era la Esfera de la Luna, donde se encontraban todos los Ángeles guardianes, mensajeros de Dios, y el primer nivel de los bienaventurados. Seguía la Esfera de Mercurio, donde se encontraban los Arcángeles y el segundo nivel de bienaventurados. Luego la Esfera de Venus, donde moraban los Principados. Luego la Esfera del Sol, donde moraban las Dominaciones; luego la Esfera de Marte, donde se encuentran la Virtudes; la Esfera de Júpiter, con las Potestades; la Esfera de Saturno con sus Tronos; la Esfera de las Estrellas Fijas, el límite de los Cielos, donde se encuentran los Querubines, y por último, la Esfera del Cielo Cristalino, donde estaban los Serafines. Luego todavía se encontraba, más allá, el Empíreo, donde moraba el propio Dios. 

Todos estos rangos jerárquicos de seres celestiales, constituían la MENTE ANGÉLICA, los Serafines y Querubines escuchaban directamente la Palabra de Dios, que era transmitida hasta los rangos inferiores, y los ángeles, cuyo nombre significa "mensajeros", se la transmitían a los hombres. Esta era la Gloria de Dios en los Cielos, que descendía a la Tierra, la esfera inferior, más densa y caída, donde moraban los hombres esperando su redención y elevación de sus almas, tras abandonar el cuerpo denso que les aprisionaba, al Reino de los Cielos. Jesús dice en los Evangelios: "Mi Reino no es de este mundo", el mundo denso y el cuerpo (la carne de las Epístolas de Pablo), aprisionan al alma humana, redimida por el Rey de los Cielos, que desciende y muere en Jerusalén, la ciudad que debe ser redimida con los bienaventurados, una tradición que existía entre los judíos, que se enterraban frente a la Puerta de Oro del Templo de Jerusalén, pues algún día tenía que venir el Rey del Mundo, y abrir las tumbas y llevarse a todos los hijos de Israel hacia su Reino Solar. 

Juan Almirall