domingo, 6 de diciembre de 2009

PABLO: ENTRE LA SABIDURÍA Y LA GNOSIS

"Hablamos, sin embargo, de sabiduría entre los perfectos (teleíois), sabiduría que no es de éste Eón (toû aiônos), ni de los Arcontes de este Eón (tôn arjóntôn toû aiônos), llamados a la desaparición; sino que hablamos de la sabiduría de Dios (theoû sofían) en misterio (en mystêríô), la escondida, que predestinó (proôrisen) Dios antes de los Eones (prò tôn aiônôn) para nuestra gloria, que ninguno de los Arcontes de este Eón (tôn arjóntôn toû aiônos) conoció (égnôken);", este fragmento no procede de ningún códice de Nag Hammadi, como se podría pensar, sino que es una traducción literal del griego de la primera Epístola de Pablo a los Corintios (1 Cor. 2: 6-8). Sorprendente ¿no es cierto? El lenguaje del Apóstol es completamente gnóstico. El problema, sin duda, son las traducciones. Examinemos por ejemplo la popular versión de Nacar y Colunga: "Hablamos, sin embargo, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este siglo, ni de los principios de este siglo, abocados a la destrucción, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria; que no conoció ninguno de los príncipes de este siglo;" Esta claro, que en las versiones del Nuevo Testamento al uso, el lenguaje, completamente gnóstico de Pablo, queda totalmente enmascarado. ¿Porqué en las traducciones de los textos de Nag Hammadi se conservan las palabras griegas como Eones y Arcontes, y en las versiones más populares del Nuevo Testamento se traducen de forma tan arbitraria y traicionera?


Nuestra intención en este artículo no es dar respuesta a dicha pregunta, sobre el particular que cada cual saque sus propias conclusiones, aunque nosotros recomendamos que junto al Nuevo Testamento que Uds. acostubren a leer, como la versión de Nacar y Colunga (que es estupenda, sin duda), utilicen el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, de la Editorial Evangélica Clie. Con seguridad, su lectura del Nuevo Testamento cambiará de forma asombrosa, como nos ha pasado a nosotros, repasando en la obra de Lacueva, las Epístolas del Apóstol Pablo.

La intención de este artículo es mostrar como el Apóstol de los gentiles se encuentra en el centro de dos importantes tradiciones: la tradición sapiencial, obviamente del judaísmo, y la tradición gnóstico cristiana valentiniana.

Existe una gnosis pre cristiana, y esto lo reconocen todos los especialistas, comenzando por el Dr. Josep Montserrat. Lo que no nos aclaran demasiado es de dónde procede esta gnosis pre cristiana. Fue el Dr. Quispel quien, en un artículo sobre el tratado "tebronte" de la Biblioteca de Nag Hammadi, ya advertía los grandes parecidos que se encontraban entre las obras sapienciales alejandrinas y las aretalogías de Isis. El tratado citado es una de esas obras gnósticas que puede considerarse más judía que cristiana. Su protagonista es la Sabiduría: "yo soy la primera y la última, la honorable y la despreciable, la prostituta la respetable, la esposa y la virgen, la madre y la hija, los miembros de mi madre, la estéril y la que tiene muchos hijos..." Esta obra se expresa en la línea de las últimas manifestaciones de la tradición sapiencial judía, como son: el libro de la Sabiduría y el Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sirac (Eclesiástico), ambas obras escritas en griego, durante el siglo I a.C., en Alejandría. En estas obras, la Sabiduría aparece totalmente personificada, como el Eón Sofía de los gnósticos, y se dice de ella: "Proclama su buen nacimiento al convivir con Dios, y el que es dueño de todo la amó. Pues está iniciada en la ciencia de Dios" (Sab. 8: 3-4).

La Sabiduría incluso aparece como Espíritu de Dios, siempre con carácter femenino, como compañera, esposa y amante de Dios, conocedora e iniciadora en sus misterios. Y sobre todo reveladora de la verdadera Gnosis: "fue quien me dio la Gnosis auténtica de los seres para saber la trabazón del mundo y la actividad de los elementos; el comienzo, el final y el medio de los tiempos, las alteraciones de los solsticios y los cambios de estación, los ciclos del año las posiciones de los astros, la naturaleza de los animales y la bravura de las fieras, la violencia de los espíritus y los razonamientos de los hombres, las variedades de plantas y las virtualidades de las raíces; todo lo que existe, oculto o manifiesto lo conocí" (Sab. 7: 17-21). Los Sabios de Israel conocían ya una Gnosis, una Gnosis a la que llamaban Sabiduría, y que era revelada por el Espíritu Divino.

A esto mismo se refiere Pablo en sus epístolas; Pablo escribe dentro de la tradición sapiencial de Israel, que él, como fariseo que era, conocía perfectamente. Los Fariseos formaban una Escuela de pensamiento rabínica. Muchos de sus miembros eran considerados Sabios de Israel. Los Fariseos eran Rabinos, Maestros de Sabiduría e Interpretes de la Ley. Y Pablo, si bien, no parece haberse confirmado, tal vez por edad, como Rabino o Maestro Fariseo, sí que es cierto, que se presentaba en las Sinagogas de la Diáspora y ante el Sanedrín como Fariseo convencido: "Hermanos, yo soy fariseo e hijo de fariseos. Por la esperanza en la resurrección de los muertos soy ahora juzgado" (Hech. 23: 6). La Escuela Farisea, que contaba con importantes miembros en el alto tribunal del Sanedrín, en el siglo I de nuestra era, creía en la resurrección de los muertos y la vida más allá, de hecho, el Cristianismo, sólo podía darse en el contexto de la filosofía de los Maestros Fariseos, muchos de los cuales eran considerados Sabios, es decir, detentadores de una Gnosis. Esta Gnosis permitía conocer cosas como la naturaleza, los movimientos de los astros, los animales y las plantas, etc. La diferencia entre los Sabios de Israel, a los que seguirán los Gnósticos valentinianos, respecto de los Filósofos Peripatéticos de Alejandría, es que, mientras éstos últimos extraían su Gnosis de la "contemplación" de la Naturaleza, como había enseñado en su obra el gran Aristóteles, los Sabios de Israel, en Alejandría, alcanzaban el mismo conocimiento pero por medio de la "Revelación" directa del Espíritu de Sabiduría, procedente de Dios, el Creador del Cosmos.

En Pablo no hay una idea clara de Trinidad, está por un lado Dios Padre, y el Hijo, que es también Espíritu, cuando se revela a las Iglesias (Ekklêsía que quiere decir simplemente Asamblea), y deja descender su Gnosis entre los Cristianos, y así "a uno le es dada por el Espíritu la palabra de Sabiduría (lógos sofías), a otro palabra de conocimiento (lógos gnôseôs) conforme al mismo Espíritu, a otro fe (pístis) en el mismo Espíritu, y a otro carismas de santidad (jarísmata iamátôn) en un sólo Espíritu; a otro de actividades de poder (energêmata dynámeôn); a otro, profecía (profêteía)..." En definitiva, Pablo enuncia todas las facultades del Sabio de Israel: Sabiduría, Gnosis, Fe, Santidad, Poder, Profecía... Las cualidades que confiere el Espíritu de Sabiduría que buscaban los Sabios de Israel, tal como testimonian el Libro de la Sabiduría y el Ben Sirac.

Esta tradición sapiencial, que encierra el origen de la Gnosis revelada por el Espíritu de la que hablan, sobre todo los Libros de Sabiduría judíos y Pablo en sus epístolas, es la misma que se difunde en las comunidades gnósticas fundadas por Valentín. Los Gnósticos Valentinianos también aspiran a una Gnosis, esperan la revelación del Espíritu de Sabiduría, y por ello, los que lo recibían, se consideraban "pneumáticos", es decir, iniciados en los Misterios de la Gnosis, la Gnosis de los Espirituales que tiene su origen igualmente en Pablo, en la Epístola a los Romanos. Es en Roma donde, curiosamente, enseñó Valentín, y más tarde Plotino, el fundador de la Escuela Neoplatónica, que mantuvo una fuerte polémica con los gnósticos valentinianos, entre los que se contaban algunos alumnos suyos, por lo que éstos debieron ser en la ciudad eterna, tanto o más numerosos que los cristianos más ortodoxos.

Por tanto, podemos decir, en conclusión, que el Gnosticismo Valentiniano y en general todas las Escuelas Gnósticas que proliferaron en el siglo II de nuestra era, no eran nada extraño, como los pintan los heresiólogos y teólogos cristianos contemporáneos a aquellos. Sino que se trataba de una cristianización de la tradición sapiencial judía, en su versión más helenizada e influenciada por la cultura alejandrina, fascinada sobre todo por el descubrimiento de la Naturaleza, bien fuera por la observación directa de los fenómenos, bien fuera por la invocación del Espíritu procedente del Creador del Cosmos, cuyo conocimiento todos estaban de acuerdo en denominar: Gnosis.



Juan Almirall

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante el post. También estaría bien si pudieras ampliar la relación entre Pablo y la gnosis valentiniana, si puedes mostrar relaciones de manera más concreta o evidente.
Cuando pueda me compro este Testamento interlineal.

J.Almirall J.Rodríguez S.Grau R.Freitas dijo...

Es cierto, por el momento se trata de una aproximación muy intuitiva, el tema daría para una tesis. Por el momento me he centrado más en el antecedente de Pablo, es decir, la tradición sapiencial judía del siglo I a.C., de donde bebe Pablo clarísimamente. Sus cartas reunen todos los requisitos de la Sabiduría propia de los sabios de Israel, de los que hay muy poco escrito. Los vínculos con la Gnosis del siglo II d.C., los apunta el Dr. García Bazán en su última obra, publicada en Buenos Aires, "El Gnosticismo: esencia, origen y trayectoria", al final de este libro tiene dos capitulitos super interesantes: "El cristianismo primitivo su transición hacia el gobierno monárquico de la Iglesia. Entre Jerusalén y Roma" y sobre todo: "Diversidad en la unidad: carismas del Espíritu y organización comunitaria en los primeros cristianos". En este último capítulo, considera a las comunidades gnóstico-cristianas las verdaderas comunidades carismáticas tal como las describe Pablo, sobre todo en 1 Corintios. Pues los carismas o dones del Espíritu de Sabiduría, del que habla Pablo, se pueden resumir en una palabra: Gnosis, tal como la entienden los Gnosticos, Valentín y compañía, sobre todo los alejandrinos. Ah, y cuando uno le da un vistazo al tema de los orígenes de la primera Comunidad Cristiana de Alejandría, de la que poco o nada se sabe, se da cuenta de que allí se esconde un gran misterio, posiblemente tapado durante siglos por el Cristianismo monárquico de G. Bazán: que los primeros Cristianos de Alejandría fueron en su mayoría gnósticos!!!
Bueno, voy a ver si puedo seguir trabajando sobre el tema con algo más de detalle.
Saludos,

Juan Almirall

Anónimo dijo...

¿Pdría decirse quizá que hay una relación entre la sabiduría procedente de la revelación en el judaísmo y la gnosis valentiniana?

¿Podrías dar alguna fuente o referncia bibliográfica sobre la gnosis precristiana?

Gracias y una saludo!

J.Almirall J.Rodríguez S.Grau R.Freitas dijo...

Bueno, lo que creo es que la sabiduría de la que habla Pablo, es la sabiduría de los Sabios de Israel, una sabiduría que implica una gnosis. Básicamente, se trata de un conocimiento sobre el cosmos, como el que buscaban los filósofos aristotélicos, la única diferencia es que ese conocimiento es revelado por el Espíritu del Dios Creador del cosmos. Los gnósticos, que formaban una comunidad carismática en el sentido de 1 Cor, compusieron sus mitos e historias a partir de estas premisas. Si te fijas no es un conocimiento sobre Dios, que sigue siendo inefable, como el de los judios, no hay un tratado sobre la naturaleza de la Divinidad, hasta el siglo III, y eso es una herencia del Neoplatonismo, que sí investiga la naturaleza de Dios, al que identifican con el Noûs, y que por tanto podemos conocer en la medida que conocemos el proceso de conocimiento, pero eso es otra historia. A estos gnósticos, como a los sabios judíos, les preocupa conocer el cosmos, al Alma del Mundo, que es la creación y sus fuerzas ocultas, como dice el pasaje citado del libro de la Sabiduría.
Sobre la gnosis pre-cristiana hay algunos artículos por ahí, el de Quispel, pero es difícil de encontrar, y también tienes algunas referencias en la introducción al libro sobre los Gnósticos de Josep Montserrat, o en la super colección de Trotta de los textos de Nag Hammadi. De hecho lo que creo es que hay corrientes gnósticas en las que no está muy claro si son cristianas o judías (no hay que perder de vista que el cristianismo hasta finales del siglo I es una secta judía más de la sinagoga), piensa que el Judaísmo en Alejandría era trinitario, dale un vistazo a Filón de Alejandría, en ese sentido el artículo de Quispel está muy interesante. Busco la referencia y cuelgo un post con una breve recensión sobre el artículo, ok?
Saludos,

Juan

Oscar Fabian Sanchez Ortiz dijo...

Donde esta ese añrado post? Quiero leerlo :)