El Orfismo fue una religión popular en el medio cultural griego. Sin embargo, no se puede hablar de una única religión órfica. Es muy probable que el orfismo que interesó a los Pitagóricos fuera muy diferente al orfismo de los telestai o sacerdotes que iniciaban en los misterios órficos, o el de los himnos tardíos o las rapsodias cosmogónicas. El orfísmo más filosófico contaba con una compleja cosmogonía: donde Fanes, el luminoso, que surgía de un Huevo cósmico, era un importante protagonista. Porta en su mano derecha una antorcha, aludiendo a las divinidades infernales, en particular a Hécate, y es rodeado por una serpiente, al igual que Mitra en otras representaciones. Se trata de una divinidad rectora del cosmos, pues mueve el Axis Mundi, el eje del mundo, con su mano izquierda. Y está rodeado por el círculo Zodiacal y los cuatro vientos, procedentes de los cuatro puntos cardinales.Textos, artículos y referencias para reconstruir la historia del cristianismo y del pensamiento occidental. Una aproximación filosófica al pensamiento cristiano.
lunes, 5 de octubre de 2009
FANES MITRA AION
El Orfismo fue una religión popular en el medio cultural griego. Sin embargo, no se puede hablar de una única religión órfica. Es muy probable que el orfismo que interesó a los Pitagóricos fuera muy diferente al orfismo de los telestai o sacerdotes que iniciaban en los misterios órficos, o el de los himnos tardíos o las rapsodias cosmogónicas. El orfísmo más filosófico contaba con una compleja cosmogonía: donde Fanes, el luminoso, que surgía de un Huevo cósmico, era un importante protagonista. Porta en su mano derecha una antorcha, aludiendo a las divinidades infernales, en particular a Hécate, y es rodeado por una serpiente, al igual que Mitra en otras representaciones. Se trata de una divinidad rectora del cosmos, pues mueve el Axis Mundi, el eje del mundo, con su mano izquierda. Y está rodeado por el círculo Zodiacal y los cuatro vientos, procedentes de los cuatro puntos cardinales.viernes, 25 de septiembre de 2009
EL HELENISMO, LA ÚLTIMA RELIGIÓN PAGANA
domingo, 12 de julio de 2009
PERSECUCIÓN CRISTIANA CONTRA LA CULTURA DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA: LA DESTRUCCIÓN DEL SERAPEUM DE ALEJANDRÍA
La columna está asentada sobre un pedestal formado por trozos de un obelisco de Seti I, colocados boca abajo, también hay un trozo de la estatua de la reina Arsinoe, esposa de Ptolomeo II Filadelfo, una de las reinas más veneradas de Alejandría, y otra piedra con una inscripción dedicada al emperador Diocleciano, uno de los más odiados perseguidores del Cristianismo. Esa columna no es un resto de la antigüedad pagana, sino un símbolo de la victoria del Cristianismo, que se ubica en el antiguo emplazamiento de otra columna, la Gran Columna de Serapis – Helios, una de las maravillas del gran Templo Oracular consagrado a Serapis, en la colina de Rhakotis.
Ptolomeo I Sóter, fundador de la dinastía de los Lágidas, mandó construir en Alejandría el Serapeum, un monumental templo de mármol blanco, con tres terrazas, en la colina del barrio de Rhakotis, que como la Acrópolis ateniense, se divisaba desde el Puerto. Se ascendía por medio de una magnífica escalera de cien peldaños, y contaba con un gran Santuario consagrado a Serapis, con su impresionante estatua de marfil y oro, que había traído un hierofante de la familia eleusina de los Eumólpidas a Alejandría procedente de la lejana Sinope. El conjunto contaba también con un Anubion, un Templo consagrado a Isis, la eterna páredra de Serapis, la gran Columna de Serapis-Helios (divinidad tutelar del Imperio, durante la dinastía de los Severos), y dos curiosas instituciones: una magnífica Biblioteca, denominada la Hija de la primera Biblioteca Real, que se encontraba en el Palacio de los Lágidas, y un Museo, un Templo de las Musas que contenía el Pórtico de Aristóteles, donde se encontraban veinte Escuelas de Filosofía. Amiano, en su historia de Roma, dice: “Existen – en Alejandría – numerosos templos suntuosos, especialmente el de Serapis, que, aunque no existen palabras adecuadas para expresarlo, podemos decir, de acuerdo con sus espléndidas salas apoyadas en columnas, y sus bellísimas estatuas y otros adornos, que está tan soberbiamente decorado que, tras el Capitolio, del que se enorgullece la sempiterna y venerable Roma, no existe nada más maravilloso sobre la tierra.”
Centro de culto principal del Imperio, a partir de Calígula y Claudio, era también uno de los principales centros culturales de la Antigüedad tardía. Su Museo vio desfilar a los más importantes pensadores, artistas y científicos de la época, los famosos sabios de las veinte Escuelas del Pórtico de Aristóteles, entre los que se encontraban Plotino, Jámblico, el propio Orígenes. Sacerdotes y filósofos dirigían la vida de este magnífico centro de culto y de saber, de la última manifestación de la religión clásica, el Helenismo, una sofisticada mezcla de cultos sincréticos y filosofía neoplatónica, que incluía la contemplación de la naturaleza, la matemática y la astronomía.
La vida de este centro cultural se vio truncada a finales del año 391, tras la publicación del Edicto de Teodosío I, que mandaba cerrar los templos paganos. Esto dio alas al obispo Teófilo, un hombre que gobernaba Alejandría como un verdadero faraón, y que ambicionaba las riquezas del Serapeum para poder continuar su labor constructora de Iglesias en Egipto.
La desaparición de la religión y de la cultura antigua ya había sido vaticinada por algunos oráculos. Antonino, filósofos neoplatónico y sacerdote oracular del Serapeum de Canope, discípulo de Edesio y seguidor de las doctrinas del divino filósofo Jámblico, ya había pronosticado la caída y ruina del Serapeum de Alejandría. Algo que costaba de creer, dada la monumentalidad e importancia que todavía tenía dicho Templo, comparable al Vaticano, en nuestros días.
Sin embargo, Teófilo pese a su clara preferencia por el monacato popular y por las riquezas de los Templos paganos, no causó ningún mal a la filósofa neoplatónica Hipatia, hija de Teón de Alejandría, gran filósofo matemático y astrónomo, que tenía su propia Escuela, fuera de los recintos del Pórtico del Serapeum. Hipatia, propugnaba una filosofía capaz de despertar la realidad interior que une al ser humano con el Uno, al igual que Plotino, mostraba poco interés por la versión más popular de la Religión Helenística, y por tanto, no se pronunció a favor del Serapeum, aunque imaginamos que debió ser un duro golpe para ella y el mundo que representaba, un mundo que tocaba a su fin. Con su muerte, unos años más tarde, de la mano de los secuaces de San Cirilo, sucesor de Teófilo, en el año 415, y el cierre de la última Escuela de Filosofía Neoplatónica de Atenas, en el año 529 gracias al decreto de Justiniano, la antigua Religión de Egipto, Grecia, Roma y Asía Menor, desaparecerá para siempre, sus sacerdotes, sus cultos y su filosofía, una filosofía a mi entender realmente hermosa y sofisticada, como nunca se había conocido en Occidente y en el próximo Oriente, desaparecieron, quedando sólo restos incomprensibles y fragmentos.
Juan Almirall
sábado, 11 de julio de 2009
LOS DIÁLOGOS ITALIANOS DE GIORDANO BRUNO
G. Bruno (1548 – 1600) viaja a Londres en abril de 1583, al año siguiente comienza la edición de sus seis diálogos italianos, pues acostumbraba a escribir en latín. Los diálogos se editan en el siguiente orden:Bruno surge, en el Renacimiento, de la polémica clásica sobre la primacía entre Teología y Filosofía, que ocupó a tantos escolásticos durante toda la Edad Media. Se trataba de establecer la primacía entre las Sagradas Escrituras o la Filosofía Natural, que comprendía, entre otras cosas, la obra de Aristóteles sobre Física y Astronomía. Obviamente, las observaciones astrológicas del filósofo no casaban bien con los Textos Sagrados.
Bruno es copernicano, y es el padre de la teoría infinitista del Universo, gracias a la recuperación de Lucrecio y su “De rerum natura”. Su copernicanismo y epicureismo, le llevaron a pensar que había descubierto una Filosofía que iba a permitir al ser humano irrumpir en los niveles más elevados del Pensamiento Divino.
Su programa de iniciación filosófica está descrito en la Opera italiana, los seis diálogos italianos, en los que describe un itinerario filosófico, que comienza en un viernes de cenizas, desmantelando la pedantería de los doctores de Oxford, pasa por vislumbrar la verdadera naturaleza del Ser, y el reconocimiento de la infinitud del Universo. Viaja por el Cosmos, a través de todas las constelaciones, rompiendo las esferas cristalinas de Aristóteles. Expulsa a la bestia triunfante, esto es el Cristianismo de la Iglesia romana y las Iglesias reformadas, y alcanza el furor divino dionisíaco del que hablaba Platón en el Fedro.
Juan Almirall
LLULL Y LA ORTODOXIA ROMANA
A la muerte de Ramón Llull, se procedió por parte del obispado de Mallorca, a su beatificación, con la intención de con posterioridad, canonizarlo. Desde las instancias de la curia romana se paralizó el proceso. Poco después, en la segunda mitad del S.XIV, el inquisidor de Aragón, Nicolau Eimerich comenzó la persecución de los Lulistas, y empezó a colocar en el índice de obras heréticas, algunas de las obras de Llull. En Aquellos momentos los Lulistas eran considerados alquimistas.Muchos eruditos católicos, en especial desde finales del S.XIX hasta hoy, han trabajado para defender la ortodoxia de Ramón, ante el Vaticano y algunos han intentado la continuación del proceso de canonización. Esto ha llevado a, entre otras consecuencias, la descatalogación de todos sus escritos alquímicos –en el S XIX se le atribuían mas de doscientos volúmenes-.
Sea como sea, en estos días del XXI, nadie discute la ortodoxia del personaje, entre otras cosas, en mi opinión porque nadie estudia su obra con un espíritu libre de prejuicios religiosos.
Solo tres ejemplos:
De su obra “El llibre de les Meravelles”Leemos
Félix preguntó al filósofo si alquimia es un arte por el que se pueda hacer transmutación de un metal en otro. El filósofo respondió y dijo, que en la transmutación de un elemento en otro, es necesaria transmutación sustancial y accidental; esto es a saber, que la forma y la materia se transmuden, con todos sus accidentes, en una sustancia nueva, compuesta de nuevas formas y materias y accidentes.
Y esta obra, queridos amigos- dijo el filósofo a Félix- no se puede hacer artificialmente, puesto que la Naturaleza necesita la totalidad de sus poderes.
Este párrafo, ¿Puede ser mas claro?
Como segundo ejemplo, iremos a otra de sus obras importantes “El Blanquerna”.
En la novela, Blanquerna es nombrado Papa y comienza la reforma de la Iglesia. Nombra a un Cardenal que tenía como misión, encontrar los mejores loadores de Dios, encuentra a dos, uno de ellos es un peregrino que encontró destruyendo un crucifijo (Hombre clavado a una cruz) en una ermita.
Estr ejemplo tampoco necesita comentarios.
En tercer lugar, en la considerada autobiografía, con el título de “Vita Coetanea” hay un pasaje que durante un tiempo no se imprimía ¿porqué? Ahora lo veremos
Pero Ramón, firme en la resolución que previamente había tomado en su interior, es decir, que prefería ser condenado eternamente antes que, por su mala fama, causar la pérdida del Arte que le había sido revelado para el honor de Dios y la salvación de muchos, sintió de nuevo como si la mano de un hombre le volviera a torcer la cara, que aún tenía girada, hasta dejarla recta. En aquella posición, viendo entonces el cuerpo de Cristo en manos del sacerdote, inmediatamente se arrojó de la cama al suelo, besando el pie del propio sacerdote. Y así recibió entonces el cuerpo de Cristo, intentando, bajo tal apariencia de devoción, salvar por lo menos el Arte predicho.
¿Apariencia de devoción? ¡Llull no creía en la eucaristía de la iglesia de Roma!
Con esto hemos acabado por ahora.
Jose M Gosalbez Cortes
martes, 26 de mayo de 2009
PARACELSO. TEXTO SOBRE LA RESURRECCIÓN.

Paracelso fue un heterodoxo en casi todos los aspectos de su vida, su forma de entender el cristianismo no fue una excepción.
En el libro del cual hemos extractado este capítulo: Evangelio de un médico errante; él mismo dice: “El tiempo de mi mensaje ha llegado: debo escribir. Todo muestra que es la hora de realizar el trabajo. El tiempo de la geometría se ha acabado, el tiempo del quadrivium ha terminado, el tiempo de la filosofía está detrás de mí, la nieve de la miseria se ha fundido, y lo que crecía ha venido a la madurez. De dónde viene esto, no lo sé; a dónde esto va, no lo sé, ¡pero está aquí!
Si pues, la hora que durante tanto tiempo se ha hecho esperar está aquí, es entonces el tiempo de escribir, de escribir sobre la vida bienaventurada y sobre la vida eterna. Es el tiempo del fruto.”
Pensamos que será de gran interés presentar la visión de Paracelso sobre uno de los contenidos más importantes del cristianismo: la resurrección; el destino espiritual del hombre, el estado al está llamado a ser todo cristiano. Podremos ver cómo se acerca a una lectura literal del contenido de la resurrección y del renacimiento del hombre en los Evangelios, especialmente en las cartas de Pablo.
Presentamos traducción del francés: Evangile d’un médecin errant. Edición de Lucien Braun, y editado por la editorial Arfuyen en la colección Cahiers d’Alsace, 1991.
DE LA RESURRECCIÓN DE LOS CUERPOS
Ocurre con nuestra resurrección lo que con el nacimiento de Sansón. Nacido de mujer estéril, Sansón no ha venido al mundo según el orden de la naturaleza. Así ocurre con nosotros: de nuestro cuerpo de Adán, estéril, nacerá un cuerpo nuevo, el cuerpo de la resurrección, y ello, por el poder de Dios. Este nuevo cuerpo será maravilloso, como lo fue Sansón.
Es por eso que el cuerpo que tenemos ahora no sirve para la gloria. Ved, se deshace y revienta en el fuego. Pero el cuerpo que ha de venir, el cuerpo glorioso, nacido del poder de Dios, debe ser un cuerpo que dure, que permanezca. En consecuencia, únicamente resucitarán lo hijos de Dios, y no los hijos de los hombres, como pensaban los judíos quienes, por esta razón, tanto cuidaban sus cuerpos. Este cuerpo no irá al Cielo, como tampoco van al Cielo las piedras de la tierra; pero tan difícil de creer es el que de las piedras puedan nacer niños, como difícil es pensar que de nuestro cuerpo pueda nacer otro cuerpo. Y sin embargo, es de nuestro cuerpo de Adán, pero no con él, de donde surgirá el cuerpo glorioso; y nuestro cuerpo permanecerá en la tierra maternal.
La resurrección es como la siembra: el cuerpo permanece en la tierra, allí se pudre y se descompone; él no será glorificado. Será glorioso lo que nacerá de él: las rosas, el cuerpo celeste. El árbol nace igualmente de la semilla, procede de él, pero el árbol no es la semilla. Este proceso lleva tiempo; como también tomará tiempo nuestro cuerpo en la tierra, donde deberá esperar el día del Señor.
¿A qué está destinada la semilla? No a permanecer como semilla, sino a que de ella proceda la planta de cuya esencia es portadora. Pues la semilla, en tanto que semilla, no es nada. Pero aquel que sabe dar nacimiento al fruto de la semilla, ese sabe también hacer surgir de nuestro cuerpo, el fruto.
Por eso no debemos decir: resucitaremos con el cuerpo que tenemos. Nosotros somos una semilla; una semilla de Dios; si no, nuestro cuerpo no sería una semilla. Pero en el presente somos una semilla, y el nuevo cuerpo que proceda de él será el fruto. Ocurre entonces que el antiguo cuerpo verá en el nuevo a su salvador. Veamos, en nuestra morada terrestre, de qué naturaleza es nuestra esperanza.
Adán ha sido sumergido en un profundo sueño, con el fin de que no viese cómo Eva, su compañera, salió de él. De la misma forma seremos sumergidos en un profundo sueño hasta el día del juicio. No conocemos el día, ni sabemos cómo llevará a cabo nuestra resurrección. No sirve de nada querer comprender los fines últimos, ya que nuestros razonamientos no son sino locura ante Dios. Pero esto no nos debe hacer infravalorar la filosofía, pues Dios quiere que apreciásemos y descubriésemos estas cosas s partir del orden de la naturaleza, en la medida que sea apropiado para nosotros; sin embargo, esto no es sino una sombra en relación con la realidad.
El hombre debe resucitar para el juicio, tanto si es trigo como añublo. Resucitará para la gloria o para el castigo. Aquellos que son como el trigo vivirán, los que son como el añublo, aunque resucitados, serán reconocidos como muertos. Porque Dios es Dios de los vivos, es decir Dios de sus hijos, de aquellos que han nacido de Él. Y son hijos de Dios los que realizan su voluntad y le sirven en tanto que criaturas nuevas; y quienes, llevando en ellos la semilla destinada a pudrirse, no viven según la ley de ésta.
La semilla no lleva en ella lo que procederá de ella, lo que nacerá de ella. Es más bien un don, una gracia establecida en ella. Mirad la rosa o la lavanda: Dios ha colocado en la vieja semilla una virtud con el fin de que el descomponerse, nazca de ella una cosa nueva. Si Él hace esto por un grano natural, lo hace aún más por un hombre.
El viejo Adán no es nada ante Dios, sino una semilla. Si él come bien y bebe bien, esto no representa ninguna ventaja para la gloria. Si el viejo Adán permanece tal cual es, si él no tiene en sí la gracia, está ya condenado, haga lo que haga. No nos atemos demasiado a nuestro cuerpo, en todo caso, tampoco conviene a la semilla que se la quiera conservar en buen estado hasta el día de las siembras.
¿Debe ser conservado este cuerpo? ¿Querríais que fuésemos al Cielo con nuestro cuerpo de Adán, con nuestro cuerpo y sus miserias? ¡Curioso Paraíso sería! Si el Paraíso no tuviera que ser otra cosa que el lugar de nuestros cuerpos renovados, esto sería una fuente de juventud, no un Paraíso. Esto sería una farsa. El auténtico Paraíso nos ha sido dado por la muerte de Cristo; no es una fuente de juventud, sino una glorificación, una transfiguración. Deberíamos meditar más sobre la resurrección del Hijo de Dios, ya que nuestra resurrección es de la misma naturaleza: nosotros resucitaremos por Él y en Él.
La rosa, el lirio, el alhelí, el anthericum se alimentan y beben de lo que viene de la tierra. Pero al mismo tiempo se alimentan de lo que viene de arriba: del rocío, de la lluvia. ¿No es ese su pan del cielo? Pero la forma en que se alimentan no nos es visible. Lo mismo ocurre con el hombre: la rosa en nosotros, nuestro cuerpo celeste, se alimenta también de lo que viene de arriba, de la mano de Cristo. Y así como la rosa se alimenta de rocío y lluvia, así se alimenta la nueva criatura del rocío que viene de arriba, pues el hombre es más que la rosa.
La naturaleza es rica en misterios, y la filosofía, la luz natural, nos permite reconocerlos; pero la filosofía no ha intentado nunca profundizar en la otra criatura; ella se ha conformado con conocer las cosas de este mundo.
Pero el verdadero filósofo debe pensar en el Cielo y en la tierra; pues el hombre no vive sólo de pan, sino también de la palabra que viene a nosotros por boca de Dios. En efecto, ¿Quién puede comprender cómo se alimenta una planta, cómo ella cura? Es inútil decir que ella tiene tal o cual virtud. Es Dios quien ha colocado en ella la fuerza curativa, allí donde Él ha querido y cuando ha querido.
Si queremos creer, conforme al Símbolo de los Apóstoles, en la resurrección de la carne, debemos comprenderla a partir del otro cuerpo, y no a partir del primero, del cuerpo de Adán; pues éste volverá al barro para la muerte eterna. El cuerpo sensible es como la sal sosa frente a la verdadera sal; no hay nada en él digno de gloria –es como el añublo en medio del trigo.
Todo lo que brilla no es oro, sino sólo el metal purificado de sus escorias y que ha sufrido la prueba del agua fuerte y del antimonio. Ésta es la prueba natural; pero hace falta mucho más cuando se trata del hombre de la nueva criatura. No es que el barro sea transmutado y cambiado en metal precioso, y así ennoblecido, sino porque el barro será separado de la perla como un accidente. Es la perla la que asegurará la glorificación, no porque de impura venga a ser pura, sino simplemente porque ella se encontraba albergada en lo impuro, como las estrellas en las tinieblas. Pero el cuerpo nuevo brillará aún más que las estrellas.
Cuando seamos así glorificados, es entonces cuando subiremos al Cielo para sentarnos a la mesa que el Padre que está en los cielos nos ha preparado allí, y compartir la comida con su Hijo. Por ello existe una diferencia entre la resurrección y la subida al Cielo. La resurrección consiste en la separación del cuerpo material y la entrada en posesión de un cuerpo inmortal. Los bienaventurados se encontrarán en el seno de Abraham; los reprobados, el purgatorio hasta que venga el día del juicio. Entonces los bienaventurados irán al reino de Dios y serán libres; entonces será suprimido el purgatorio y los que allí se encontraban irán al infierno. El sueño del que habla la Escritura en la espera de un lugar que no sabemos dónde se sitúa
El Cristo es para nosotros un ejemplo; que el hombre resucite al tercer día, a el primero, o mucho más tarde, no lo sabemos y no lo podemos saber; pero la resurrección de Cristo nos enseña que no se trata solamente de un acontecimiento único, sino de algo que nos concierne a todos. En efecto, si hubiéramos tenido que ir al Cielo con nuestro cuerpo de Adán, Cristo no habría tenido necesidad de encarnarse. Pero Cristo nos ha enseñado cómo obra el Espíritu; sólo va al Cielo lo que es del Cielo. Y nadie puede alcanzar la paz eterna si no ha nacido de Dios.
Por ello no debemos poner nuestra esperanza en nuestro cuerpo mortal. Pues incluso si le imponemos privaciones, no tendrá ninguna recompensa – ¡como si se tratase de hacer cálculos así!- Estas mortificaciones revelan más bien, la melancolía que es cosa humana y terrestre. Cristo dice sobre esto: “Ellos me honran con los labios”, es decir, actúan a partir de la melancolía. Los sanguíneos se hacen oír con cantos y órganos; pero sus oficios están lejos de Dios. Los biliosos querrían derramar su sangre; y los flemáticos recibir favores. Pero si esto fuera posible, los paganos y los turcos se volverían, también ellos, bienaventurados. La obra de Dios sería inútil; y nuestra fe también.
Pero no quedará más que el cuerpo espiritual. Es a partir de él que tenemos que ayunar y rezar, y comportarnos según la virtud, y no a partir de la demasiado humana, melancolía. Por ello conviene subrayar la diferencia entre los dos cuerpos. Nuestro cuero de Adán se separará del cuerpo tal como el fruto se separa del árbol.
Saludos cordiales, Jesús Rodríguez
viernes, 15 de mayo de 2009
TRATADOS DE PRISCILIANO DE ÁVILA. TEXTO DEL TRATADO I. APOLOGÉTICO. Liber apologeticus.
Utilizaremos, como en otras ocasiones, las ediciones: Prisciliano. Tratados y cánones. Editora Nacional. Biblioteca de visionarios, heterodoxos y marginados 1976 y de: Prisciliano, Tratados. Ed. de Ricardo Ventura. Imprensa nacional-casa da moeda, Lisboa 2005.
LIBRO APOLOGETICO
Aunque nuestra fe esté libre de cualquier impedimento de la vida, libre para seguir el camino de la ordenación católica, esforzándose en el camino hacia Dios, aunque herida por diabólica difamación, por la cual, cuanto más hostigada es, más justa queda probada, juzgamos que sería glorioso para nosotros, beatísimos sacerdotes, porque no nos remuerde la conciencia y aún cuando, exponiendo nuestra fe en frecuentes libros, hemos condenado los dogmas de todos los herejes, tal como en el libro de nuestro hermano Tiberiano, de Asarivo y de otros con los cuales es una nuestra fe y uno nuestro sentimiento, donde son condenados todos los dogmas que parecían ir contra Cristo, y aprobados los que estaban a favor de Cristo, no callar tampoco ahora, puesto que así lo queréis, igual que está escrito: “siempre preparados para dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pidiere” (I Pedro, 3, 15) tal como nos habéis pedido.
Así pues, aunque a vuestra vista está toda nuestra vida, establecidos en la luz de la fe, no procuramos ningún retiro para prácticas oscuras, sin embargo, no rehuímos esta segunda confesión, para satisfacer a los que aún nos desconocen y para que nadie se engañe sobre nosotros, creyendo injustamente la palabra de otros, cayendo en un error imperdonable, no negándonos a “mostrar con la boca lo que creíamos con el corazón” (Romanos, 10,10).
Pues, aunque no está bien vanagloriarse de lo que hemos sido, no hemos sido llamados al siglo, sin embargo, de un origen tan oscuro o tan ignorantes, que la fe de Cristo y la formación del creyente pudiera depararnos la muerte antes que la salvación.
En verdad, como vosotros mismos sabéis, recorridas todas las experiencias de la vida humana y rechazadas todas las ataduras con nuestros males, hemos entrado , por así decir, en el puerto de la tranquilidad segura. Sabiendo que “quien no naciere de agua y de Espíritu, no entrará en el reino de los cielos” (Juan, 3,5), “purificamos nuestras almas por la obediencia de la fe por el Espíritu” (I Pedro, 1,22) y rechazados “los deseos de la vida pasada, de los cuales nos avergonzábamos” (I Pedro1,4; Romanos, 6,21), tomamos el símbolo de la devoción católica hacia la gracia renovada, con el objeto de que entrando en el bautismo, “redención de nuestro cuerpo” (Romanos, 8,23), y “bautizados en Cristo y vestidos de Cristo” (Gálatas, 3, 27), despreciando la vanagloria del siglo, entregásemos, tal como seguimos entregando, nuestra vida únicamente a Él, quien nos concedió el perdón de los pecados, sufrió por nosotros y nos ofreció la redención y la salvación de nuestras almas.
Pues, ¿Quién hay que, leyendo las Escrituras y creyendo “en una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios” (Efesios, 4, 5) no condene los necios dogmas de los herejes, quienes, queriendo comparar lo divino con lo humano, separan la sustancia unida en la virtud de Dios y ¿(quien hay que no condene) el crimen de los Binionitas, que dividen en partes la grandeza de Cristo, venerable en la triple fuente de la Iglesia? Tal com está escrito: “yo soy Dios y fuera de mí no existe otro justo” (Isaías, 45, 21 y Oseas, 13,4) y “yo soy el primero y el último y más allá de mí no hay Dios; ¿quien podrá entonces parecerse a mí?” (Isaías,44, 6-7); igualmente en otro lugar: “yo soy el que soy y antes de mí no hubo otro y después de mí no habrá uno semejante a mí; yo soy Dios, y fuera de mí no habrá un salvador” (Isaías, 43, 10-11); y aún dice Moisés: “nuestro Señor Dios es uno” (Deuteronomio 6, 4), y Jeremías dice: “este es nuestro Dios y no consideramos ningún otro más allá de Él, que reveló todo el camino de sabiduría y se lo ofreció a su hijo Jacob y a su querida Israel; después de esto fue visto en la tierra y convivió con los hombres” (Baruc, 3, 36-38) Pues “Él es quien era, quien fue y quien será (Apocalipsis, 1, 8) y “el Verbo se hizo carne y habitó en nosotros” (Juan, 1,14) y visto por el siglo (mundo); crucificado, se hizo heredero de la vida, venciendo a la muerte y resucitando al tercer día, hecho forma del futuro, mostró la esperanza de nuestra resurrección y ascendiendo a los cielos, abrió el camino para los que llegan hasta Él, todo “en el Padre y el Padre en Él mismo” (Juan, 14, 11), para que se manifieste lo que está escrito: “gloria a Dios en las alturas y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad” (Lucas, 2, 14); También dice Juan: “tres son los que testimonian en la tierra: el agua, la carne y la sangre, y estos tres son uno; y tres son los que testimonian en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu, y estos tres son uno en Cristo Jesús” (I Juan, 5, 7-8. Reproducimos a continuación la cita de Ricardo Ventura: Comma Joanneum, citada por Prisciliano: “Tria sunt quae testimonium dicunt in terra aqua caro et sanguis et haec tria in unum sunt, et tria quae testimonium dicunt in caelo pater verbum et spiritus et haec in tria unum sunt in Christo Iesu”; Vulgata: “Hic est, qui venit venit per aquam et sanguinem, Iesus Christus; non in aqua solum sed in aqua et in sanguine. Et Spiritus est, qui testificatur, quoniam spiritus est veritas. Quia tres sunt, qui testificantur: Spiritus et aqua et sanguis; et hi tres in unum sunt”.
Incluímos: “The first work to quote the Comma Johanneum as an actual part of the Epistle's text appears to be the 4th century Latin homily Liber Apologeticus, probably written by Priscilian of Ávila”. Extraído de Wikipedia.)
Y puesto que queréis que vaya paso a paso en la exposición de nuestras creencias, aunque lo que a nosotros compete es aprender de vosotros, con todo, puesto que según el ejemplo de Dios quien, manifestando con sus obras quien era, quiso , no obstante, oír de sus discípulos quien era, o quien creían que era; puesto que queréis que os pruebe lo que ya conocéis, perdonadnos si nos alargamos hablando de los seguidores de nuestra fe o sobre sus detractores, que introducen el error para depravar las mentes de los infieles. Pues por culpa de aquellos que, mintiendo tanto contra los hombres de Cristo, nos hacen negar de la forma más prolija estas mentiras que ellos mismos cargan sobre sí. Sea anatema, pues, quien, creyendo en el mal de la herejía Patripasiana maltrata la fe católica, cuando está escrito lo que dice Pedro: "Tú eres Cristo, Hijo de Dios vivo” (Mateo, 16, 16) y en otro lugar; “quien tiene al hijo tiene vida, quien no tiene al hijo, no tiene vida” (I Juan, 5, 12); y también en otro lugar, cuando dice Él mismo: “El Padre y Yo somos uno” (Juan, 10, 30) y “Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí” (Juan, 17, 21). En testimonio de esto se añade también en el Evangelio la confesión demoníaca que dice: "Tú eres Cristo, Hijo de Dios, ¿porqué viniste antes de tiempo a atormentarnos?” (Mateo, 8, 29). Sabemos que esto fue escrito, no porque Dios quiera el testimonio de los demonios, sino para que los hombres, hechos a imagen y semejanza de Dios, “se sientan obligados por los peores tormentos” (Hebreos, 10, 9) si ignoran las cosas que hasta los demonios reconocen. Para nosotros sólo hay "un Dios padre, de donde todo procede y nosotros en Él, y un Señor Jesús Cristo, por el cual son todas las cosas y nosotros por Él". (I Corintios, 8, 6). A la necedad de estos se une la herejía Novaciana, como si el error del pecado reapareciese siempre y este se limpiase con la repetición del bautismo; cuando la lectura apostólica atestigua: “un sólo bautismo, una sola fe, un solo Dios” (Efesios, 4, 5) y sabemos que "aunque un ángel del cielo nos anunciase otro evangelio distinto del que nos ha sido anunciado, es anatema” (Gálatas, 1, 8) Nosotros, en cambio, bautizados una vez en Cristo, "permaneciendo en aquello que ha pasado, avanzamos hacia aquello que está adelante, queremos alcanzar aquello por lo cual fuimos alcanzados", (Filipenses, 3 12. En versión diferente de la Vulgata) porque unidos en la fe, no tenemos, fuera de Jesucristo únicamente, otra defensa que la del bautismo, sabiendo que “Cristo vino en carne para salvar a los pecadores” (I Timoteo, 1, 15) y redimidos en Él, devolverlos a las normas de la vida eterna.
Continuaremos...
Saludos cordiales, Jesús Rodríguez